miércoles, 27 de abril de 2011

El peor terremoto en la historia de Lima (Perú) volverá a repetirse



Después del terremoto de grado 9  que golpeó Japón el pasado 11 de marzo,  solo doce meses después de un evento similar en Chile, que alcanzó los 8,8 grados, los limeños se preguntaron una y otra vez si un movimiento de tierra estaría próximo, y sobre todo con qué intensidad llegaría.

Pero como dice el director de sismología del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Hernando Tavera, señalar el cuándo y el cómo es imposible de determinar.

Sin embargo, queda claro “que donde hubo un terremoto de grandes características volverá a ocurrir uno similar, porque los terremotos son cíclicos”. 



Este sería, lamentablemente, el caso de Lima y el Callao, donde a lo largo de su historia (de 1555 a la fecha) se han producido 23 eventos telúricos de gran intensidad, según dicho instituto. Además, agrega Tavera, en un territorio altamente sísmico como el nuestro “lo raro sería que no ocurriera uno”. “Si el tiempo sigue pasando (el terremoto que venga) podría ser grande”, sostuvo y comentó que el último ocurrido en Lima se produjo en 1974, con una intensidad de 7,2 grados en la escala de Richter. Es decir, hace casi 36 años. Entonces, ¿el tiempo transcurrido nos acerca a un gran terremoto? Pues sí y no. Tavera dice que es señal de que ocurrirá uno en cualquier momento, pero –reitera– precisar el año es inviable.  


Lo peor de lo peor

 Con esto que ahora sabemos, ¿qué es lo peor que nos podría pasar? Pues si como dice Tavera lo que nos espera en un futuro es soportar un terrible sismo con las mismas características de uno acaecido en el pasado, esto es lo que se nos vendría: uno absolutamente devastador. Un ejemplo claro de esa devastación se produjo el 28 de octubre de 1746, y fue calificado como el peor evento catastrófico ocurrido en la capital, pues estuvo seguido de un tsunami de grandes olas cuyas aguas alcanzaron una legua de distancia. Para ser más precisos, los historiadores refieren que a su pasó barrió con todo desde La Punta hasta lo que hoy se conoce como el distrito de Carmen de la Legua (que está ubicado justamente a una legua del primer puerto, lo que equivale 5.572,7 metros).

Memorias de un virrey

El gobernante de la época, el virrey José Antonio Manso de Velasco, también conocido como el Conde de Superunda, en el libro Memorias de los virreyes que recoge su testimonio, resumió así lo que vieron sus ojos a la mañana siguiente de ese día fatídico: “(…) la ciudad sin templo y sin casas quedó hecha un lugar de espanto, a la manera que suelen verse en una guerra los lugares en que entra el enemigo a sangre y fuego, y convierte en montones de tierra y piedras los hermosos edificios”.      

El terremoto fue tan terrible que los reportes iniciales aseguraban que había cerca de 10 mil muertos, pero con el tiempo y el hallazgo de otros cadáveres bajo las ruinas esa cifra se elevó a más de 15 mil. Pero hay más. De las cinco mil casas que tenía la ciudad apenas 25 quedaron en pie.

Además la Catedral de Lima quedó destruida por lo que “no era posible enterrar allí a los cientos de fallecidos”, lo mismo que la casa de la Moneda. El palacio del virrey y el tribunal del Santo Oficio de la Inquisición también quedaron totalmente arruinados. La Universidad y el Hospital de Santa Ana sufrieron igual destino.

Barrió con el Callao

El Conde luego agregaría: “la sumersión que padeció el puerto del Callao poco tiempo después del movimiento de tierra, no habiendo dejado la fuerza de sus aguas más memoria de su población que algunos retazos de muralla”.  En ese extracto se refiere a la destrucción que padecieron las enormes murallas que protegían a la ciudad de Lima y a gran parte del puerto del Callao de los piratas y corsarios. Hay que recordar que fue a raíz de ese episodio que se construyeron los muros de lo que hoy se conoce como la Fortaleza del Real Felipe. 

Sobre este hecho el Marqués de Obando, Jefe de la Escuadra y General de la Mar del Sur, dijo “que los cuatro mayores navíos que había en el puerto, soltando las anclas fueron lanzados por encima del presidio y vinieron a varar el uno dentro de la plaza, el otro, cargado de trigo, a escasa distancia del anterior y los otros dos hacia el sudeste, como a distancia de un tiro de cañón de los baluartes”.

Ahora, ¿cuánto duró el terremoto? En información que logra reunir el volumen II de Historia y Desastres en América Latina, Don Eusebio de Llano y Zapata calculó que el evento duró tres minutos. 

¿Cómo sobrevivir a algo así? El sismólogo del IGP añade que solo la prevención nos podrá poner a buen recaudo. Hagámosle caso.

Intensidad y temblores

El terremoto, cuyo epicentro se ubicó aproximadamente en los 11,6 de latitud sur y 77,5 de longitud oeste, ocurrió a las 10:30 de la noche, cuando la mayoría de limeños ya dormía.

Algunos historiadores refieren que este evento tuvo una intensidad de 7,5, pero otros dicen que fue de 9. 

Don J. Eusebio de Llano y Zapata, en su carta al canónigo de la Santa Iglesia de Quito, escribió que el terremoto fue seguido por 219 temblores en los tres días restantes del mes, y por 113 temblores durante  noviembre.

En diciembre de 1746, y enero y febrero del siguiente año, se presentaron 40, 33, y 24 temblores, respectivamente.

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