martes, 26 de julio de 2011

En peligro la magnetósfera terrestre por las tormentas solares

También los seres vivientes sentirían el fenómeno, pues los pájaros experimentarían una pérdida del sentido de la dirección en sus migraciones



Desde Hyderabad, india, un grupo de científicos geofísicos, astrofísicos e informáticos acaban de anunciar en un diario local que –extrapolando sus modelos computarizados-- la creciente actividad solar podría producir, a fines del 2012, un proceso de inversión del polo magnético en la Tierra. Los expertos aclararon Indicaron que este raro fenómeno cósmico ya sucedió hace millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios, por lo que en esta oportunidad se esperan igualmente efectos catastróficos en el planeta.
La inversión del polo magnético es un proceso que ocurre cuando el Polo Norte y el Polo Sur invierten sus posiciones y el campo magnético de la Tierra alcanza magnetismo cero por un tiempo, surgiendo importantes problemas en el globo terráqueo, tales como: interferencia en sistemas eléctricos, electrónicos y electromagnéticos, con efectos visibles en la transmisión eléctrica, las telecomunicaciones y la navegación, pudiéndose generar un caos económico en un planeta que depende fuertemente de la electricidad, el Internet, el GPS, la telefonía fija y celular, la radio y la televisión.
Pero también los seres vivientes sentirían el fenómeno, pues los pájaros experimentarían una pérdida del sentido de la dirección en sus migraciones y se debilitaría sustancialmente el sistema inmunológico de todos los animales, incluyendo los seres humanos. Al debilitarse la magnetósfera o capa magnética terrestre, se incrementaría la radiación cósmica del Sol haciendo inevitables peligros de la radiación como el cáncer y otras enfermedades degenerativas. Por otra parte, la corteza terrestre experimentaría un aumento de actividad volcánica y tectónica, que significan nubes de cenizas, terremotos y deslizamientos de tierra. Esto, sin contar que el campo gravitatorio del planeta sufrirá un cambio sustancial que no sería cuantificable por ahora, pero que tendría ciertos efectos en todo satélite en órbita -incluyendo la Luna- así como en los lanzamientos espaciales y de cohetes. Este efecto se sentiría también en planetas vecinos y especialmente en los más cercanos como Mercurio y Venus.
¿Se acerca el fin de la civilización?
Cualquier persona informada que analiza lógicamente estos efectos negativos, podrá deducir que –de combinarse todos estos posibles panoramas- la superficie de la Tierra podría llegar a ser no adecuada para la civilización humana y para la existencia de otros seres vivientes, sean animales, plantas o seres microscópicos. Quizás sobrevivan los organismos que viven en la profundidad de la Tierra muy por debajo de la corteza terrestre, como sucedió con los mamíferos pequeños hace 65 millones de años, cuando un gran asteroide impactó cerca de la actual península de Yucatán obliterando eventualmente a los animales grandes como los dinosaurios, por la pérdida de la vida vegetal causada por taparse la luz solar, debido a la enorme y prolongada polvareda levantada por el impacto. Si este modelo resultara verídico, el único modo de que podamos protegernos para sobrevivir será llevando a nuestra civilización por debajo de la corteza terrestre en ciudades subterráneas, o trasladarnos a otro planeta, algo fuera de nuestras posibilidades por ahora.
Recientemente, el observatorio astronómico de la NASA ha captado espectaculares explosiones en la superficie del astro rey, que ha generado tormentas solares limitadas que apoyan parcialmente las predicciones del grupo de científicos indios. Durante estas tormentas, de dimensiones poco usuales, ha tenido lugar en la corona solar una gran cantidad de explosiones en las que se proyectan toneladas de partículas cargadas, conocidas como el viento solar, que viaja por el espacio en todo nuestro vecindario cósmico y puede alcanzar velocidades de unos mil kilómetros por segundo. Por su parte, la Academia Nacional de Ciencias de EEUU asentó el problema hace dos años en un informe bien documentado, titulado “Eventos climáticos severos y sus impactos económicos y sociales”, de modo que el fenómeno tiene serias bases científicas y está siendo tomado en cuenta en ese ámbito. No así en el sector político, que ha subestimado el problema, como lo ha hecho por años en cuanto al calentamiento global y el cambio climático, con las consecuencias que vemos hoy día.
Por otra parte, el Centro de Predicción Meteorológica Espacial de EEUU, constató que en la primera semana de junio de 2011 se produjo una tormenta geomagnética de mediana intensidad que permaneció activa durante más de un día, causando algunos problemas en las comunicaciones y transmisión eléctrica en varias partes del hemisferio norte, como ha sucedido en el pasado reciente. Según dichos organismos, esas tormentas podrían repetirse con mayor frecuencia en el futuro previsible, con un apogeo a fines del 2012 o principios del 2013, coincidencialmente justo cuando se anuncia el cumplimiento de ciertas profecías catastróficas de dudosa validez.
Predicciones antiguas y modernas
Aunque la Tierra cuenta con una capa protectora, la magnetósfera, que hace que el viento solar cause sólo unas vistosas auroras boreales o australes y pase de largo sin provocar muchos daños, existe el peligro que esta capa resulte con un agujero similar al de la capa de ozono, a través de la cual podría penetrar el viento solar y ocasionar los serios daños al planeta, ya enumerados al principio. La mayor preocupación es que, si el efecto durara meses o años, la vida moderna y la actividad económica no podría subsistir mucho tempo sin electricidad, combustibles o comunicaciones, siendo posible sólo las actividades más rudimentarias como la agricultura artesanal, la cría doméstica y la recolección de frutos o agua de fuentes naturales para poder sobrevivir. O sea, se tendría un nivel de vida similar al que existía en épocas anteriores a las civilizaciones que conocemos, hace unos seis mil años. Es una perspectiva extrema, pero no impensable ni imposible, pues han ocurrido severos cambios climáticos en el pasado remoto, causados por fenómenos cósmicos, como la glaciación extrema en el hemisferio norte así como la separación y deriva de continentes enteros, con serios efectos sobre el globo.
Sería una perspectiva nada agradable para la humanidad, que confirmaría no sólo las famosas profecías de mayas y videntes al estilo de Nostradamus, que habrían colocado en el fatídico 2012 como un año crucial para la civilización aunque sin un basamento científico. Queda por ver qué podrán hacer las naciones avanzadas para prevenir estos desastres, si sigue confirmándose los fenómenos pronosticados, pues cualquier plan requeriría tomar iniciativas desde ahora. De todos modos no se podría hacer mucho, pues la actual crisis económica que afecta EEUU, Europa y Japón no permitiría la dedicación de recursos a eventos que pudieran no materializarse y que todavía están en el campo de la especulación, a pesar de las advertencias y preocupaciones de algunos científicos, que ojalá sean infundadas… por el bien de la humanidad.


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