sábado, 24 de septiembre de 2011

La conciencia del ADN a través de tres experimentos científicos




El ADN es la esencia misma de nuestro ser físico. Todavía hay muchas cosas que los seres humanos, en nuestro nivel actual de conciencia, no comprendemos, pero la ciencia cada vez se acerca más a lo que algunas tradiciones espirituales vienen afirmando desde hace siglos. Uno de los últimos avances en nuestro conocimiento sobre el ADN es que, en esencia, posee conciencia y puede curarse a sí mismo de acuerdo a los sentimientos y emociones de la persona. El ingeniero y científico Gregg Braden ha estudiado y estudia cómo en el pasado hemos perdido enormes cantidades de información de las antiguas tradiciones espirituales (cuando la biblioteca de Alejandría se quemó perdimos por lo menos 532.000 documentos), y que puede haber información en las tradiciones que nos podría ayudar a entender algunos de los misterios de la ciencia. Con este fin se informó sobre tres experimentos científicos muy interesantes que apoyan sus investigaciones.

Experimento I El primer experimento fue realizado por el Dr.Vladimir Poponin, biólogo cuántico. En este experimento, crearon vacío dentro de un recipiente. Lo único que queda después del vaciado son fotones (partículas de luz). Midieron la distribución de los fotones y se halló que estaban ubicados al azar en el interior del contenedor. Posteriormente se colocó una muestra de ADN en el interior del envase y volvió a medirse la distribución (ubicación) de los fotones. En esta ocasión los fotones se posicionaban de una forma ordenada y alineada con el ADN. Después, el ADN fue extraído del recipiente y la distribución de los fotones se midió de nuevo. Los fotones permanecieron ordenados y alineados en donde había estado el ADN. ¿Cuál es la conexión? Gregg Braden afirma que estamos obligados a aceptar la posibilidad de que algún tipo de campo energético, una red de energía, está ahí y el ADN se comunica con los fotones a través de esta energía.

Experimento II Estos experimentos fueron realizados por el ejército de EEUU. En esta ocasión, trataron de medir los cambios eléctricos del ADN. El donante de ADN era colocado en una habitación y sometido a “estímulos emocionales” consistentes en vídeo clips que generaban diversas reacciones. El ADN fue colocado en una habitación diferente en el mismo edificio. Tanto el donante como su ADN eran monitoreados y cuando el donante mostraba altos y bajos emocionales (medidos en ondas eléctricas), el ADN expresó respuestas idénticas a la misma hora. No hubo tiempo de retraso ni desfase en la transmisión. Los picos y los valles en el ADN eran exactamente iguales a los picos y los valles de sus donantes en el mismo lapso de tiempo. Según informa el autor, el efecto y sus resultados eran cuantificables a 50 millas de distancia, sin tiempos de demora. El ADN y el donante tuvieron las mismas respuestas al mismo tiempo. Gregg Braden afirma que esto se debe a que las células vivas se comunican a través de una forma desconocida de energía que no se ve afectada por el tiempo y la distancia. Una forma no-local de energía que existe en todas partes, todo el tiempo.

Experimento III El tercer experimento fue realizado por el Institute of Heart-Math y fue denominado “Efectos locales y no locales de las frecuencias del corazón en los cambios conformacionales de ADN”. En este experimento, ADN de placenta humana (la forma más prístina de ADN) se colocó en un recipiente donde fueron medidos los cambios en el ADN. 28 investigadores capacitados recibieron 28 tubos de ensayo. Cada investigador había sido entrenado para generar y recibir sentimientos con una fuerte resonancia emocional.

Lo que se descubrió fue que el ADN cambió su forma de acuerdo a los sentimientos de los investigadores:

1. Cuando los investigadores sintieron gratitud, amor y aprecio, al ADN respondió de manera relajante desenrollando sus hélices.

2. Cuando los investigadores sintieron rabia, miedo, frustración o el estrés, el ADN respondió endureciéndose y bloqueó algunos de sus códigos. El cierre de los códigos de ADN se revirtió y pudieron conectarse de nuevo cuando los sentimientos de amor, alegría, gratitud y aprecio se hicieron sentir por los investigadores.

Parece ser que los efectos emocionales de nuestros sentimientos van incluso más allá del electromagnetismo que inicialmente querían probar estos experimentos: cambian la forma del ADN, nuestra base como seres humanos. Gregg Braden dice que esto ilustra una nueva forma reconocida de energía que conecta toda la creación. Esta energía parece ser una red tupida que conecta toda la materia, y podemos influir en esa red de creación por medio de nuestra vibración, la cual es generada a través de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones.

Así es como creamos nuestra realidad, la escogemos con nuestras reacciones. Nuestros sentimientos están activando la conexión con toda la energía y materia del universo y, en el caso de que sean de polo positivo, el resultado es una mejora cuantitativa en nuestro mundo interior y exterior. Aunque para esto no hace falta escudarse en teoremas y demostraciones empíricas. Más allá de la ciencia, parece claro que nos sienta mejor el amor que el odio.
Fuente: MisiónGaia. Rescate Humano

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