jueves, 27 de octubre de 2011

¿Reli...qué? Religulous subt


El triunfo de la ignorancia
Ricardo Martínez García
Bill Maher es un cómico y presentador de televisión que se ha hecho famoso en los Estados Unidos gracias a dos programas: Politically Incorrect y Real Time, los cuales realiza con gran cantidad de sátira, crítica y mucho humor, lo cual le ha granjeado tremendas críticas de los grupos aludidos o criticados.
Maher es el conductor del documental dirigido por Larry Charles Religulous (que al parecer es una combinación de las palabras religión y ridículo en inglés) y que se ha subtitulado en español Reli…qué? Se trata de un documental de matiz burlón, irónico, sarcástico, sobre lo que algunos grupos religiosos de los Estados Unidos (y de alguna que otra parte del mundo) piensan de temas como la salvación, quién es Jesús, la homosexualidad, la verdad o falsedad de lo que la Biblia señala en ciertos pasajes, la fe.
Crítico acérrimo de los malos políticos, de Bush Jr., y de los pederastas en el catolicismo entre otros, en el documental Maher dice ser de origen mitad católico y mitad judío. Entrevista a líderes religiosos, desde una capilla rodante para traileros, o carismáticos y cínicos charlatanes que dicen ser descendientes directos de Jesús, como el tal boricua José Luis Miranda, que afirma ser el elegido, que dice ser Jesús mismo, hasta pasar por algunos disidentes mormones, musulmanes gays y un extraño judío ortodoxo en contra del asentamiento de su pueblo en Tierra Santa.
Si alguien ha llegado a pensar que el pueblo mexicano en general es fanático religioso, se sorprenderá al ver en este documental a estas agrupaciones religiosas norteamericanas que van más allá del mero fanatismo guadalupano o de cualquier miembro del santoral católico. Pero no sólo eso, constatará que permea en ellos una ignorancia abismal, pues casi nadie de ellos ha estudiado su propia religión, nadie la vive de manera crítica (pues nadie les enseñó a vivirla críticamente).
El propio Maher reconoce que dejó de asistir a la iglesia católica a los trece años. No profundizó en sus propias creencias, nunca puso su fe bajo la lupa de lo racional. Es por eso que lo vemos preguntando a otros -que hacen alarde involuntariamente de su ignorancia- si creen que una serpiente habló, si Dios en realidad es tres personas en una, y tratando de mostrar que el cristianismo abrevó de diferentes fuentes religiosas mucho más antiguas que el propio judaísmo.
Maher aparentemente muestra lo ridículo de la religión porque parte de sus propias confusiones e ignorancia, y porque por lo que se ve no está muy dispuesto a escuchar a los que sí muestran cierto conocimiento. Al estar frente al Vaticano, lugar en el que no lo dejaron entrar, entrevista a un sacerdote católico dicharachero pero que pronto parece representar cierta rebeldía ante el status quo de su religión. A la pregunta de si es posible enseñar la verdadera fe, el sacerdote casi entre risas le dice que no, que no hay manera y que es una pérdida de tiempo tratar de enseñar a la plebe la verdadera fe. Se imponen las tradiciones, la costumbre, la fe del carbonero. Este sacerdote llama a este tipo de creyentes “católicos de café”.
Vemos desfilar entonces en la cinta a cínicos charlatanes, estafadores y vivales, pero también a gente sencilla pero muy fanatizada.
Harold Bloom, el famoso crítico literario, ha dicho que en los Estados Unidos la cultura va desapareciendo y que está siendo sustituida por los grandes parques temáticos. Al ver las representaciones teatrales de la pasión en el parque llamado Holy Land Experience, en Orlando Florida, no cabe duda de que el espíritu mercantil anglosajón ha permeado desde siempre al espíritu religioso. Representaciones del Mercado de Jerusalén, episodios Bíblicos actuados, y toda la parafernalia de un parque de diversiones pero de carácter religioso hacen de la experiencia religiosa algo que a muchos se nos antojará verdaderamente ridículo.
Bill Maher entrevista en ese lugar al actor que personifica a Jesús, un hombre bien intencionado pero que carece de una formación religiosa sólida, lo cual se deja ver en sus superficiales respuestas.
El documental no carece de interés, pero es fácil advertir por qué ha encendido los ánimos contra Maher. Es un documental que muestra la superficialidad de las religiones y que no profundiza en el conocimiento de sus fundamentos sino sólo de lo peor de las consecuencias del desconocimiento de dichos fundamentos.
Otra cosa hubiera sido en el filme si se hubiera entrevistado al mismo Bloom, o si hubiera dado más participación al científico del Proyecto Genoma Humano (Craig Vender, creo) o a algún sacerdote crítico de su propia religión, miembro de alguna de las grandes Órdenes, como los de la Compañía de Jesús o los Agustinos Recoletos. Pero ni el conductor ni el director tenían esos planes. Aún así es divertido ver cómo se burlan de ciertos aspectos de los grupos religiosos, sobre todo en territorio norteamericano.

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