El poder de la música: El control de la mente del sonido rítmico
Referencia: Scientific.American.com .
Por R. Douglas Campos, 19 octubre 19, 2012
Entras en un bar y la música te va
golpeando. Las cabezas se zarandean y los pies comienzan a seguir el
compás en sincronía. De alguna manera el ritmo del sonido asume el
control cerebral de todo el mundo en la sala obligándolos a realizar
simultáneamente el mismo comportamiento en sincronía. ¿Cómo es posible?
¿Este control mental inconsciente del sonido rítmico conduce sólo a
nuestros movimientos corporales, o podría estar afectando a procesos
mentales más profundos?
El misterio es más profundo de lo que se piensa, según la psicóloga
Annett Schirmer, cuyo informe incluye nuevos hallazgos presentados en
una reunión de la Sociedad de Neurociencia en Nueva Orleans. El sonido
rítmico “no sólo coordina el comportamiento de la gente de un grupo,
sino que también coordina sus pensamientos, los procesos mentales de los
individuos del grupo sincronizado.”
Este hallazgo, extiende el poder bien conocido de la música para
aprovechar los circuitos cerebrales que controlan la emoción y el
movimiento, que controlan efectivamente los circuitos cerebrales de la
percepción sensorial. Este descubrimiento ayuda a explicar cómo los
tambores unen a las tribus en una ceremonia, por qué los ejércitos
marchan al son de la corneta y el tambor a la batalla, por qué el culto y
las ceremonias están impregnados de canciones, por qué el habla es
rítmico, marcado por los ritmos del énfasis en sílabas y palabras
particulares, y tal vez por qué bailamos.
Schirmer y su estudiante graduado Nicolas
Escoffier, de la Universidad de Singapur, primero probaron a los
sujetos mediante los flashes de una serie de imágenes en un monitor de
vídeo, y les pidió que identificaran rápidamente cuando una imagen se
había vuelto al revés. Mientras los participantes se centraban en esta
tarea, un tambor electrónico sonaba con un suave ritmo de cuatro tiempos
de fondo, sincopado para saltarse el cuarto tiempo de cada compás.
Los resultados mostraron que cuando la imagen flasheaba en ese latido
perdido, los sujetos reconocían la imagen invertida mucho más rápido
que cuando la imagen flasheaba fuera de tiempo de sincronización con el
compás o cuando dichas imágenes se presentaban en silencio. De alguna
manera, la toma de decisiones del cerebro se vio acelerada por el ritmo
auditivo externo y acentuaba los puntos precisos en sincronía con el
ritmo. Dado que era evidente que el poder del ritmo aumentaba el
rendimiento cognitivo con el ritmo perdido cuando no se presentaba
ningún sonido, y que el efecto no tenía nada que ver con el sonido del
tambor que actuaba como estímulo. El procesamiento mental debía de caer
en un ritmo de acentuada expectativa o de un rendimiento superior sobre
el ritmo anticipado.Más adelante, los investigadores colocaron unos electrodos en el cuero cabelludo de los participantes, para determinar si la actividad eléctrica del cerebro se veía afectada de alguna manera por el ritmo del sonido. El registro del EEG detecta la actividad eléctrica combinada de miles de neuronas que trabajan juntas en la corteza cerebral. Igual que el rugido de una multitud en un partido de béisbol, las ondas de la actividad eléctrica del cerebro se generan cuando las neuronas individuales de la corteza cerebral se combinaban en la acción. Los registros del EEG mostraron que las ondas de actividad cerebral (ondas alfa y beta) se sincronizaron en torno al ritmo auditivo. Es decir, el devenir de las oscilaciones de las ondas cerebrales se desplazaba a una fase cuyo pico de onda siempre ocurría en un punto preciso relativo al siguiente latido del ritmo de tambor. El sonido rítmico sincronizaba las ondas cerebrales.
Las grabaciones de las ondas cerebrales
también revelaron un efecto más sorprendente del ritmo en la función
cerebral. Cualquier estímulo sensorial, como el ver una imagen o
escuchar un sonido, podía generar una breve onda cerebral en la región
de la corteza cerebral donde se recibe y procesa tal información. Los
investigadores descubrieron que la onda cerebral de evocación sensorial,
medida en la parte posterior del cráneo, sobre la región donde se
procesa la visión, tenía su pico cada vez que se presentaba una imagen,
pero cuando la imagen se presentaba simultáneamente con la pérdida de
ritmo de tambor, la respuesta eléctrica evocada por la imagen era más
grande que cuando la imagen era presentada fuera de ritmo o aparecía en
la pantalla en silencio. Estos circuitos visuales eran más sensibles
cuando la imagen aparecía en sincronía con el ritmo auditivo.
Esta región del cerebro procesa los primeros pasos de la visión, son
los circuitos que detectan los estímulos visuales. Esto significa que
nuestra percepción del mundo externo entrar en nuestra mente a través de
los ojos y se ve afectado por el ritmo de lo que oímos. Algo visto en
un punto preciso de tiempo con ritmo auditivo es más probable que se
perciba que si aparece fuera de sincronía con ese ritmo. Esta compuerta
de entrada visual por el ritmo auditivo no requiere de una meditación
prolongada sobre el ritmo, para hacer que la persona entre en una
especie de estado de trance, los efectos son casi instantáneos. “En el
espacio de unos pocos compases de la música las ondas cerebrales
comienzan a ponerse en sintonía con el ritmo”, subrayó Schirmer.Steven Pinker decía que la música es un “pastel auditivo”, sin ninguna ventaja particular en la evolución de nuestra especie. Schirmer cree que sus nuevos hallazgos no apoyan esta opinión. “El ritmo facilita nuestras relaciones interpersonales en términos que no sólo abarca a cómo nos movemos, sino la forma en que hablamos y pensamos”, concluye ella. “El ritmo facilita que la gente interactúe mediante la sincronización de las ondas cerebrales y aumente el rendimiento de la percepción de lo que la otra persona está diciendo y haciendo en un momento determinado.” El ritmo, ya sea con la letra de canción o con la medida de un poema facilita el procesamiento del lenguaje, por eso ella está llevando a cabo nuevos experimentos para poner aún más a prueba esta idea. “Cuando la gente se mueve en sincronía tienen más tendencia a percibir el mundo de forma sincronizada, lo que facilita su capacidad para interactuar.”
- Autor: Douglas Campos una
autoridad reconocida internacionalmente en las interacciones
neuronas-glía, en el desarrollo del cerebro y los mecanismos celulares
de la memoria. Es miembro del consejo editorial de varias revistas de
neurociencia y autor de más de 150 artículos y el libro “El otro
cerebro” (The Other Brain).
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