lunes, 28 de enero de 2013

LA NUEVA CONCIENCIA ENTRE ESPECIES Y LA VOZ DE LOS ANIMALES…Para cambiar nuestros paradigmas!



Se aconseja escuchar la música mientras se lee el artículo

por Mª Victoria Simona
I URBAN VEGAN FESTIVAL (Daganzo, Febrero 2011)
Buenas tardes, mi nombre es Mª Victoria Simona y vengo a hablaros sobre esta nueva conciencia entre especies.
El punto de vista desde el que os vengo a hablar puede resultar un poco particular, cuando menos poco oído hasta el día de hoy en nuestro país. Es el punto de vista de los animales y demás especies que conviven con nosotros.
Para ello lo mejor será empezar contándoos en qué consiste mi profesión. Soy terapeuta de animales y personas por igual, pero la razón principal por la que estoy aquí hablando hoy es que soy una Comunicadora entre especies, esto es, me dedico a comunicar telepáticamente con individuos de distintas especies, normalmente uno de ellos es un humano… pero no siempre; y también me dedico a dar cursos para que cada vez más gente vaya aprendiendo a comunicarse con otras especies por si mismos, que es lo realmente bello.
Todas esas actividades las auno en un espacio llamado ENTRESPECIES dedicado al desarrollo del lenguaje común a todos los seres vivos, la Telepatía, la comprensión y el respeto así como la sanación entre las diferentes especies.
Vale… ¿y en qué consiste eso de la telepatía entre especies?
Bien, provenientes del griego antiguo el prefijo Tele tiene que ver con distancia, y patía, con sentimiento o sensación. La telepatía es por lo tanto la capacidad de sentir al otro a través de la distancia, sin importar kilómetros, condiciones geográficas, posibles muros o fronteras entre los individuos en cuestión… A través del canal telepático están unidos todos los seres vivos sobre la Tierra, incluida ella misma, por supuesto, que es un magnífico ser vivo, lleno de vida y consciencia, y tremendamente generoso.
La Telepatía no es un don especial vedado a unos pocos especialmente dotados o sensibles, ni mucho menos un superpoder de ciencia ficción, como aún hay quien cree por ahí. Se trata de una capacidad innata a todas las especies, incluido el ser humano, ¿por qué no? Al fin y al cabo somos uno más; esta es una de las características de la telepatía. Se trata de una comprensión consciente e inconsciente al mismo tiempo del otro, de sus pensamientos, su estado de ánimo y de su experiencia, una comprensión tan profunda que uno llega a sentirse el otro.
Y llegados a este punto seguramente hay quien se esté preguntando: ¿cómo es que estoy tan segura de haber establecido dicho contacto y no estar viviendo una fantasía de mi propia creación? Esta es una pregunta estupenda y muy sana que surge cuando uno se plantea la posibilidad de la comunicación telepática y que conviene seguir haciéndose durante nuestros primeros pasos telepáticos, cuando decidimos recuperar esta capacidad y nos ponemos manos a la obra.
La respuesta es que la comunicación se confirma repetidamente por los resultados: los aprendizajes, los cambios de comportamiento como resultado de una comprensión mutua, la tranquilidad, una más estrecha colaboración…Porque como he comentado, la comunicación telepática no depende de la distancia. Depende de la sintonización, de saber con quién estas comunicando, de ser capaz de entender al otro como un igual, identificarte con él, con su individualidad, su espiritualidad, emociones, sentimientos, sus propios valores.
Cuando un ser humano y otro animal trabajan juntos en la comprensión mutua se apela a la nobleza y al respeto mutuo, así es como la armonía y la dignidad sustituyen al temor y su fruto más inmediato, la agresión.

La conexión telepática nos hace sentir, nos hace vivir, la realidad de que somos uno más, uno con todo lo que está vivo a nuestro alrededor. Nos aleja de la idea de estar solos y aislados, como cada día más y más personas se sienten de forma continuada; nos saca de la idea de estar solos en el planeta como única especie inteligente porque comienzas a entender los valores del otro y a contar con ellos al tomar decisiones.
Mediante la expansión de la capacidad telepática se amplía nuestro concepto de vida, comenzamos a entender que hay mucha más vida a nuestro alrededor de la que nos habíamos permitido observar hasta ese momento.
A través de la telepatía se crea un vínculo totalmente distinto a las relaciones neuróticas que a menudo desarrollamos con individuos de otras especies, por ejemplo con nuestras mascotas, (y uso la palabra mascotas conscientemente, por sus implicaciones de propiedad y dependencia).
¿que a qué me refiero? esto lo entendemos muy bien cuando vemos a alguien maltratando a su perro, por ejemplo. Es fácil ver que la rabia acumulada por esa persona no era principalmente por que el perro hizo lo que no debía, porque pisó las flores del jardín que acaba de plantar, o porque se hizo adulto, o algo así. Es fácil entender que eso fue solo la chispa que encendió el polvorín y que fueron sus circunstancias de vida, sus propias frustraciones acumuladas las que crearon toda esa rabia, y que probablemente la pagó con el perro porque lo siente cercano, se identifica con él, proyecta sobre él su rabia y le hace lo que en realidad quiere hacerse a si mismo.
Proyectamos sobre nuestros animales nuestros apegos, anhelos, ansiedades, y ellos, por amor a nosotros intentan satisfacer estas expectativas.
En un caso parecido de maltrato en el que tuve la ocasión de contactar con el perro Maltratado, éste me decía: “él me necesita, es la única manera en la que se permite expresar ese sentimiento. Mientras me pega él se libera y se alinea con quien vino a ser. Tal vez un día pegándome vea que es momento de dar un paso más y dejar de hacer lo que tanta rabia le causa y comenzar a hacer lo que realmente le hace felíz. Me necesita.”
Y hay otros casos, puede que no tan llamativos, pero igualmente neuróticos e insanos, tanto para el animal como para el humano. Nuestro compañero animal siempre querrá echar una mano como sea, estando a la altura…
Hace poco unos amigos aumentaron su familia con un perrito, precioso, simpático y listo. Un perro de raza con un gran pedigrí también, mis amigos fantaseaban con llevarlo a campeonatos de belleza, estaban seguros de que romperían la pana juntos. Sin embargo una semana antes de los campeonatos el perrito siempre enfermaba. Me llamaron para una consulta para preguntar al animal a qué se debía su malestar, resultó que el perrito se ponía enfermo de ansiedad sólo de pensar en las competiciones, no era nada competitivo, y la idea de no estar ala altura le enfermaba. Cambiaron mis amigos sus expectativas y el perrito no volvió a tener recaídas.
El afán de nuestros compañeros animales por ayudar, su deseo de asistirnos sea como sea, incluso a costa de su salud, es lo más parecido que conozco al amor incondicional.
Pero no solo establecemos este tipo de relaciones con nuestras mascotas, también proyectamos nuestras neurosis sobre animales que no lo son y ya de por sí denominamos “salvajes” (¿no hacían eso mismo los romanos en su día cuando todo aquello del Imperio? Ellos también llamaban “salvajes” a quienes vivían fuera de sus fronteras, les costaba identificarlos como seres de su misma especies, incapaces de desarrollar una “cultura” según sus valores). Permitirme que los llame libres, sólo por hoy.
En mis cursos de telepatía suelo hacer una dinámica a través de la cual los alumnos contactan cada uno con un animal que les elige a ellos, a menudo son animales libres, alguno que ni siquiera ha tenido mucho contacto con el hombre en sus vidas. El cambio de las personas en sus opiniones y sentimientos sobre el animal con el que hacen el trabajo es inmediato y a menudo esclarecedor para todo el grupo de cuán infundadas suelen estar nuestras ideas preconcebidas sobre estos animales y los miedos que en ellas se basan.
Una vez caminando por el campo decidí hacer una práctica que me había contado un amigo mío mejicano, que suelen hacer los indios huicholes. Ellos caminan descalzos por el desierto de Sonora incluso en luna nueva. No se preocupan de los cactus, ni de los alacranes, ni las serpientes… consideran que nada puede pasarles teniendo, como tienen, porque se lo trabajan, el corazón limpito.
Total, comencé a caminar campo a través, no descalza, (era invierno en Calatayud) pero sí sin mirar al suelo, confiando, y/o poniendo a prueba el nivel de limpieza de mi corazón. Al cuarto paso, no sé bien si por miedo o por inercia miré al suelo según iba a apoyar el pie, ¡y menos mal!, la serpiente más grande que he visto yo suelta por España estaba justo en el lugar hacia el que se dirigía mi bota. Evité pisarla por los pelos y aún con el susto en el cuerpo me salió del alma pedirle perdón, no telepáticamente, a viva voz “Ay, perdona!”. La serpiente, completamente en guardia, claro, primero por la amenaza de pisada, pero luego porque se trataba de un humano asustado, y eso es sin duda una pedazo de amenaza suelta en la naturaleza, quedó atónita al recibir mi solicitud de perdón, se recuperó con la rapidez de las serpientes, supervivientes natas, y ya relajada se quedó escrutándome con una pregunta que ya me había hecho algún otro animal salvaje antes “¿quien eres tú?”
Tal vez os ayude a entender la trascendencia de ese momento la definición de respeto que un amigo animal me dio una vez. Me comentó que los animales entienden el respeto como una amable mezcla entre tolerancia e interés. Y una amable mezcla entre tolerancia e interés, eso es lo que sentí que la serpiente me enviaba en su pregunta “¿quién eres tú?”Es una buena pregunta, ¿verdad?, desde hace un tiempo procuro hacérmela siempre que tengo un rato.
El caso es que eso es lo que nos encontramos los seres humanos cuando nos decidimos a abrirnos a la comunicación y comprensión por las demás especies, interés y respeto, a menudo también, tanta tolerancia que nos confunde y pensamos que es que no se enteran, “no se han enterado, por eso no hay rencor”… pero se enteran, si se enteran. Es sólo que… hay tanto amor ahí fuera… (fuera de nuestra burbuja). A pesar de los miles de años ignorándoles, utilizándoles como objetos de consumo, considerándonos únicos y especiales cuando lo único que pasa es que hemos decidido no escuchar, en el momento en que nos abrimos a ellos, ahí están, ni rencores ni venganzas, solo interés y tolerancia.
No sé cuántos de aquí han estado cerca de un delfín alguna vez… es una verdadera maravilla, esos animales respiran amor y solo estar cerca de ellos te abre el corazón irremediablemente. A todo el mundo le gustan los delfines… ¿alguna vez os habéis preguntado por qué?… esos animales tienen tanto amor propio, tanto amor a sí mismos, que lo irradian a todo lo que les rodea.
Según vas reconectándote a través de la telepatía con la naturaleza, vas recuperando el amor por ti mismo y por los que te rodean, me refiero a Amor de verdad, del que es eterno e incondicional, no del neurótico que todos conocemos y con el que hacemos canciones desesperadas o tiramos fuegos artificiales según venga el aire.
La relación con los animales que se desarrolla a través de la telepatía es inmensamente distinta a la desesperada condición de dependencia que establecen muchos humanos con sus mascotas, y vamos a aprovechar este momento para decir que los animales prefieren ser llamados amigo animal o compañero animal y evitar las connotaciones de propiedad y dependencia del término mascota. Sólo con este cambio nosotros proyectamos sentimientos más sanos y sobre la relación y es para ellos más fácil encontrar su sitio sin verse envueltos en los desequilibrios de sus compañeros humanos debido a la dependencia y a su profundo deseo de servir y ayudar a éstos.
El animal puede ponerse enfermo cuando trata de curar, limpiar o proyectar las emociones no digeridas de su compañero humano. La falta del suficiente contacto con la naturaleza, de dietas sanas o suficiente ejercicio no les ayuda en el proceso y terminan por sufrir las mismas enfermedades que sus dueños o, a menudo, sufriendo las enfermedades en vez de sus dueños.
Recuerdo una vez en que llamó a mi consulta una mujer para que hablara y tratara a su gato, enfermo del hígado de la noche a la mañana, estaba siguiendo cuidados veterinarios pero quería preguntarle al gato si sabía de donde venía su dolencia y si había algo más, que él supiera, que ella pudiera hacer. Al hablar con aquel gatito, él lo tenía muy claro, su hígado estaba procesando la sobrecarga de ira acumulada por su dueña durante la última semana, pues hacía solo unos días que había sido despedida sin motivo ni aviso previo de la empresa donde llevaba trabajando toda la vida.
Al oír la versión de su gato la mujer, que llevaba desde entonces paralizada por las emociones, negándose la ira, y sin ser capaz de avanzar, reaccionó. Hizo por su gato lo que no pudo en un principio hacer por ella misma, afrontó y encauzó su ira hasta digerir la experiencia como un valioso aprendizaje de vida y el gato se recuperó al mismo ritmo en que ella fue avanzando en su proceso.
Aprender a manejar nuestras emociones aceptándolas y trasmutándolas, permitiendo que se conviertan en energía de aprendizaje no es sólo algo que nos ayude a nosotros mismos, todo está conectado, es una manera de ayudar al mundo, desde luego, de ayudar a nuestros animales.

La naturaleza no está ahí para servirnos, pero nuestra sordera ha propiciado nuestra ceguera, pensamos que si están ahí es porque nos lo hemos ganado. ¿Cómo? pregunto yo. Lo cierto es que la idea de la Naturaleza era justamente la contraria, que los seres humanos pudieran estar ahí y echar un cable a los demás seres vivos, uniendo los diferentes reinos y ayudando (que no manipulándolos).
Se diría que nos hemos perdido y hemos estando avanzando en dirección equivocada, pero los animales celebran que, al menos ahora, nos estamos dando cuenta. Y eso amigos es lo que hemos venido a celebrar hoy aquí, ¿no es así? Lo empezamos a sentir donde comienzan todas las sensaciones, en el estómago, a través de su conexión directa con el corazón, esta es la dirección, y nos estamos poniendo manos a la obra.
Porque aquí, hoy, ESTAMOS MANOS A LA OBRA. Estamos dándonos cuenta, aprendiendo, y disfrutando con ello.
Como un amigo animal me dijo una vez, “la especie humana está floreciendo, sus corazones se están, por fin, abriendo a la vida. Este es un cambio largamente esperado por todos los seres vivos en todo el Universo.”
A menudo, al final de mis cursos los animales que nos ayudan me piden que les diga a mis alumnos de su parte, que son unos valientes, valientes capaces de volver a mirar para entender ¿recordáis la definición animal sobre el respeto?, la capacidad de volver a mirar con una amable mezcla entre interés y tolerancia.
Mi perro Gastby me dijo una vez, “Si quieres conocer a algo o a alguien respétalo y deja que ese respeto vaya convirtiéndose en conocimiento.”
Los animales, en general, me han pedido que diga algo aquí hoy, para todos vosotros.
Ellos querían estar presentes, están felices por una iniciativa como ésta y esperanzados por toda esta gente reunida celebrando unos valores que abren paso a una nueva conciencia entre todas las especies del planeta, una conciencia en la que todas las especies participan, sin miedo a ser explotadas, ni siquiera utilizadas, sino colaborando entre ellas. Una celebración de gente dispuesta a cambiarse a sí mismos para hacer más espacio al Amor en sus vidas.
Estamos viviendo momentos turbulentos, en la especie humana se dan hoy en día muchas distintas conciencias creando juntas. Y los temas que nos ocupan hoy aquí todos los estamos aún aprendiendo a integrar en las diferentes facetas de nuestra vida.
Igual que ocurre con las diferentes especies sobre la Tierra, cada uno de nosotros hemos llegado hasta aquí por caminos distintos, cada uno ha hecho sus elecciones de vida desde sus propios criterios, no necesariamente los mismos para cada uno de nosotros aunque nos hayan reunido finalmente en un mismo lugar. Aunque sí creo que todos los que estamos aquí sabemos por nuestras propias experiencias de vida lo importante que es saber respetar los valores y formas de vida de los que te rodean, todos lo deseamos para nosotros y eso nos capacita para saber hacerlo con los demás.
Incluso en momentos turbulentos como éstos, unos valores de vida basados en el Amor no pueden imponerse a nadie, eso lo sabemos, pero si pueden compartirse; y en eso estamos aquí hoy, compartiéndolos y celebrándolos, creando nuevos espacios para que esto suceda.
María Victoria Simona- (Comunicadora entre especies)

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