viernes, 29 de marzo de 2013

“La semilla del diablo”, de Polanski, descodificada: Obra Maestra del satanismo

FUENTE RAFAPAL
 
Creía que me iba a encontrar con una especie de “El exorcista” o “Carrie”, ya sabéis, gritos y exabruptos satánicos pero, nada de eso, “La semilla del diablo” como acertadamente fue renombrada en castellano, es un filme narrado con mesura y que incita al miedo pero de una manera muy inteligente.
Para los que estamos en el camino de la Verdad, verla hoy en día es todo un regalo, pues la trama, los personajes y la propia vida del director, Roman Polanski, nos desvelan toda la trama para considerar “La semilla del diablo” como la obra maestra de los Iluminati, de los satánicos.
Primero de todo, para los desmemoriados y los más jóvenes, hay que recordar que al año siguiente de estrenarse esta película (1968), un grupo de seguidores hippies del agente MK Ultra, criado por una rama de los mormones en Utah, Charles Manson, hasta arriba de drogas, perpetraron una matanza en casa de Roman Polanski, matando, entre otros, a su mujer, la actriz Sharon Tate, y sacándole el bebé del que estaba preñada.
Menos conocido es que en el año 1967  la propia Sharon Tate protagonizó “El baile de los vampiros” de Roman Polanski, con quien se casó en 1968 (cuando se estrenó “La semilla del diablo”, de obvio contenido satánico) y que la “Familia Manson” era amiga de las estrellas hippies de la época, como John Philips (The Mamas & The Papas), el director de cine gay y de snuff movies, Kenneth Anger, Mick Jagger, y por supuesto, Roman Polanski.
Así pues, tenemos que “La semilla del diablo” cuenta la historia de una pareja de recién casados, interpretados por John Cassavettes y Mia Farrow (ex mujer del mafioso y satánico Frank Sinatra) que se van a vivir al Edificio Bramford, de Manhattan, donde un tal Adrian Marcato y las Hermanas Trench realizaron tiempo atrás actos satánicos con sacrificio de niños. ¡Qué casualidad que a la puerta de ese mismo edificio sería asesinado John Lennon en 1980 a manos de un loco solitario!
Antes de continuar, no me resisto a reseñar las similitudes de esta película con la preciosa “Descalzos por el parque”, protagonizada por Jane Fonda y Robert Redford, y estrenada un año antes, 1967: pareja de jóvenes enamorados que se van a vivir a una casa en Manhattan, Nueva York.
“La semilla del diablo” parece una evolución de la anterior. En este caso, el marido es un actor de poca monta que se quiere abrir paso en el mundo del cine (como Polanski en aquella época). “Casualmente”, el actor con el que competía por un papel se queda ciego de repente, cumpliéndose la profecía de sus vecinos, los “Casvet” (¡curiosísima la similitud con el apellido del actor principal!), una pareja de ancianos muy raros que desde la llegada de los recién casados, no paran de espiarlos y entrometerse en su vida. (Por cierto, que la persona que le da el papel se apellida Weiss, es decir, judío, como el autor de la obra original en la que se basa la película, Ira Levin). Nada más empezar la película se produce el “suicidio” de una joven ex drogadicta, que había sido “adoptada” por los abueletes “sin sexo de por medio”, según ella, y que portaba un colgante que tendrá protagonismo en la obra.
El caso es que, después de una corta visita a sus vecinos, el marido-Cassavettes, cambia su opinión sobre ellos y se le mete en la cabeza que Mia Farrow se tiene que quedar preñada PARA DAR A LUZ un determinado día: el 28 de junio. Sorprende muchísimo la manera tan fría que tienen de plantear el sexo: “vamos a hacer el amor”, ¡y se desnudan! ¡como autómatas!
Ya desde las primeras escenas escuchan cánticos y ceremonias en el apartamento de al lado pero la cosa se pone interesante cuando la vecina, que sabe de hierbas y pócimas, le da una infusión y Mia Farrow se queda drogada, teniendo un sueño en el que es violada en medio de una ceremonia. Cuando se despierta, tiene arañazos y la sensación de que la violación fue real pero su marido le tranquiliza diciendo que se puso cachondo mientras dormía y que tenía las uñas largas. Vamos, que la violó él mismo. Los rumores que corren por Internet dicen que la voz que se escucha en la ceremonia es la del mismísimo Anton Levay, jefe de la Iglesia de Seth, y muy conectado con el ambiente de Hollywood a través de Jane Mansfield, Marilyn Monroe (de las que fue “novio”), así como su protegido Sammy Davis Junior, gran amigo de Frank Sinatra, con lo que la conexión con Farrow y Polanski no parece nada descabellada.
Michael Aquino, amigo de Levay y jefe de la Iglesia de Satán
Michael Aquino, amigo de Levay y jefe de la Iglesia de Satán
El parecido entre el señor Casvet y el amigo de Lavey, el General de la NSA Michael Aquino, es también reseñable.
Mientras los vecinos y Cassavettes hacen continuas sátiras del Papa cuando aparece en la TV, Farrow se va a ver a un ginecólogo muy majo que le recomendaron pero sus vecinos se empeñan en que la tiene que ver un tal Sapirstein (judío, por supuesto) que, curiosamente, le recomienda que se tome los brebajes que le prepara la vecina a base de una raíz llamada “Tannis”, conocida como “El picante del diablo”.
A los pocos días, a Farrow se le pone la cara de cadáver y se corta el pelo a lo chico (en “Vidal Sassoon!!”), de manera que se queda echa una penita, al margen de los dolores que tiene. Pero nada, el doctor, sus vecinos y su marido dicen que todo va estupendo y que es normal que haya perdido algunos de kilos, en lugar de ganarlos. Continue reading ‘“La semilla del diablo”, de Polanski, descodificada: Obra Maestra del satanismo’

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