martes, 23 de febrero de 2016

Energía permanente, sostenible y gratis, el legado de un genio desconocido

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“¡Ya antes de que desaparezcan muchas generaciones,
nuestras máquinas van a ser movidas por la fuerza
desde cualquier lugar del universo!
En el todo universo existe energía”
NIKOLA TESLA
¿Ha existido en la historia de nuestra humanidad alguien que hubiera hecho posible el sueño del ser humano en obtener energía libre y gratuita?
¿Por qué hoy día sólo los inventos y avances técnicos se disparan en tecnología de aparatos informáticos, teléfonos móviles y sin embargo vivimos con una energía obsoleta, vieja, contaminante sin visibles adelantos a favor del ser humano?
¿Porqué inventos eficaces, novedosos y casi gratuitos son rápidamente sus patentes compradas y guardadas en los cajones del olvido?
Preguntas que tienen respuesta y una realidad tenebrosa que hoy día persiste como una gran mano negra que se extiende hasta en las raíces más profundas de una sociedad que calla y consiente.
Su nombre: Nikola Tesla. Su meta: dotar al mundo de energía permanente, sostenible y gratis. Desconocido por muchos, este ingeniero eléctrico, matemático y físico de origen serbio es hoy considerado como uno de los mayores inventores de la época moderna.
Después de trabajar en varias industrias eléctricas en París y en Budapest se trasladó a Estados Unidos (1882), donde continuaría su trayectoria profesional a las órdenes de Thomas A. Edison, impulsor de la corriente eléctrica continua. Tesla defendía, sin embargo, la distribución de la energía por corriente alterna -cuyo transporte es mucho más barato y sencillo-, motivo por el que ambos rivalizaban.
Tesla descubriría el principio del campo magnético y crearía el primer motor eléctrico de inducción de corriente alterna; también se coronaría como el padre de los rayos X, las luces fluorescentes, el control remoto o la comunicación inalámbrica de la que más tarde se valdría la radio. Pero fue sin duda su apuesta por la corriente alterna lo que le hizo entrar en conflicto con la naciente industria del petróleo y los intereses económicos de su época.
Se dice que Tesla no hacía planos, sino que lo memorizaba todo. También se dice que sólo dormía tres horas al día, y que acabó sus días solo y arruinado en la habitación de un hotel. Mitad genio mitad leyenda, lo que aportó al mundo no se corresponde con el escaso reconocimiento que le ha otorgado la Historia. Tesla moriría sin saber que, un siglo después, su figura sería rescatada del ostracismo. Hoy, su apellido da nombre a las baterías Tesla, que mantienen la promesa de abaratar la factura energética y eliminar por completo la dependencia de la energía eléctrica.
Salieron a la venta por primera vez este verano en Estados Unidos y se espera que en 2016 su comercialización se expanda por el resto del mundo.
“Nuestro objetivo es transformar totalmente la infraestructura energética mundial para que sea totalmente sostenible y sin producir emisiones de carbono”, dijo Elon Musk, director de Tesla Energy durante la presentación de Tesla Powerwall, una batería de ion de litio diseñada para ser fijada en la pared de hogares o empresas, alimentada por paneles fotovoltaicos completamente independientes de los sistemas de energía tradicionales.
La Tesla Powerwall soporta temperaturas extremas. Además, es capaz de almacenar energía solar durante el día para ser usada por la noche. Su precio: unos 3.500 dólares.
“La batería podría desempeñar un papel similar a la forma en que los teléfonos móviles han sustituido a los teléfonos fijos”, aseguró Musk, y recalcó el “gran paso” que esto supondrá para las comunidades más pobres del mundo al eliminar la necesidad de las redes eléctricas.
El dueño de Tesla calcula que para transformar la infraestructura energética actual se necesitarían 2.000 millones de Powerwalls, con un potente sistema de hasta 100 kWh. A pesar de que la independencia energética de las casas parece inalcanzable, Musk asegura que esta transición hacia un mundo sin cables eléctricos y basada en la energía solar es posible.
Se empezó a construir el pasado verano una gigantesca planta para fabricar baterías de iones de litio en el desierto de Nevada, pensada en un principio para atender la futura demanda de vehículos eléctricos. Empezará a funcionar en 2017 y operará a pleno rendimiento tres años después.
Las baterías de almacenamiento para el hogar no se comercializarán en España, el el país con el índice de radiación solar más alto de Europa por la regulación que ejerce el Gobierno sobre el autoconsumo de energía. Los particulares tendrán que pagar una tasa por tener placas solares en sus tejados.
En otros países de Europa se utiliza lo que se conoce como balance neto. En lugar de almacenar la energía capturada por placas solares esta se vierte al sistema y a cambio los particulares reciben un pequeño bono en forma de energía que pueden utilizar libremente. Es decir, el sistema sirve tanto para autoconsumo como para reducir el precio final de la factura. La compañía eléctrica, a cambio, recibe energía producida por ese particular.
Las trabas a una forma de consumo que crece en el resto de Europa al mismo ritmo que decrece en España supondrán un complicado proceso burocrático para aquellos que opten por instalar uno de estos generadores en sus casas.
Por Laura Zamarriego Maestre
Ecoportal / Liberación Ahora
FUENTE paradigmaterrestre.com

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