miércoles, 25 de mayo de 2016

LA CONSTELACIÓN DE ORIÓN Y su significado para la humanidad

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Orión (“El Cazador”) es una de las constelaciones más destacadas en el firmamento. Sus estrellas son muy brillantes y visibles desde ambos lados del hemisferio en invierno. Su rasgo más distintivo es una agrupación de tres estrellas en el centro de la constelación, conocidas como el Cinturón de Orión, Las Tres Marías o Los Tres Reyes Magos. Orión es reconocida universalmente, no sólo ahora sino a lo largo de la historia de la humanidad: en diversas civilizaciones podemos ver cómo esta agrupación de estrellas fue objeto de admiración, devoción e incluso inspiración en la construcción de complejos arquitectónicos. Repasemos algunos ejemplos:
Mapa estelar de Orión, Realograma
Mapa celestial dibujado por Johannes Hevelius en el siglo XVII.

SUMERIA Y ORIÓN

Es la primera civilización humana de la que tenemos constancia. Se constituyó entre los años 4.500 y 4.000 antes de Cristo en la región de Mesopotamia, entre los río Tigris y Éufrates, donde hoy se sitúa Iraq.
Construyeron ciudades con palacios y acueductos, crearon una escritura y un sistema de numeración, un código de leyes, un sistema religioso, la fundición de cobre y estaño para producir bronce, etc. A ellos se atribuye el conocimiento astronómico más sofisticado de la antigüedad. Agruparon las estrellas en las constelaciones que hoy reconocemos, les dieron los nombres que aún usamos y las localizaron en el firmamento.
Registraron el movimiento de avance diario del sol en su aparición por el horizonte y detectaron que hay un momento en el año en q sale 2 días en el mismo sitio. En esos dos días el día y la noche tienen la misma duración y lo convirtieron en un punto de referencia al que llamaron equinoccio. Con ese punto de referencia empezaron a contar el transcurrir del tiempo de la tierra. Inventaron todos los conceptos de astronomía esférica, los polos, los ejes de rotación, la eclíptica, los solsticios y lo más increíble es que conocían el ciclo llamado precesión de los equinoccios. Éste consiste en el cambio gradual en la orientación del eje rotativo de la Tierra, siguiendo una trayectoria circular alrededor del polo, similar al bamboleo de una peonza. Este ciclo se completa cada 25.776 años.
También descubrieron que nuestro sistema solar gira alrededor de Alción, que es el sol central de las Pléyades, tardando 25.920 años en terminar cada vuelta. De esta manera los sumerios agregaron al tiempo terrestre el tiempo celeste, una enorme medida que determina ciclos que han sido precursores de significantes cambios. Dividieron el círculo de ese recorrido en 12 cuadrantes, representado cada uno por un animal, en lo que todavía hoy conocemos como zodiaco. Cada cuadrante o era dura 2.160 años y ahora estamos entrando en la era de Acuario.
Además dejaron registrada la existencia de todos los planteas de nuestro sistema solar, incluso Urano, Neptuno y Plutón, que sólo fueron redescubiertos recientemente por la astonomía moderna.
Arte sumerio, representación de Nibiru, Realograma
Representación sumeria en la que figura nuestro sistema solar con un planeta añadido, tal vez Nibiru…
Mucha de la información que tenemos acerca de los sumerios ha llegado a nosotros a través de tablillas de arcilla con textos y representaciones acerca de su vida y creencias. Quizás la figura más representativa en su estudio fue el recientemente fallecido Zecharia Sitchin, un conocido arqueólogo e historiador que, después de traducir miles de tablillas sumerias, llegó a contundentes conclusiones que explica en los numerosos libros que tiene publicados. Según sus estudios, los sumerios hablaban de la existencia de un planeta más en nuestro sistema solar, denominado Nibiru o Planeta X, cuya órbita alrededor del sol trazaría una elipse muy marcada y que tardaría 3.600 años terrestres en completar. En este planeta habitaban unos seres inteligentes llamados Anunnaki, que provenían originalmente de la Constelación de Orión, y que crearon la raza humana en la tierra a partir de la manipulación genética de homínidos. Además, fueron ellos quienes transmitieron al hombre todo el conocimiento relacionado con tecnología, arquitectura, agricultura, medicina, etc.
Esta teoría supuso todo un desafío para la comunidad científica y de historiadores tradicionales, que optaron por interpretar los mensajes de estas tablillas sumerias como pura mitología o creencias religiosas. En cualquier caso, fueran mito o realidad, es interesante que los Anunnaki provinieran de Orión, porque esto nos da un apunte de que la civilización sumeria relacionaba el origen de la humanidad con esta constelación.
Escritura cuneiforme Sumeria, Realograma
Fragmento de piedra tallada con escritura sumeria en el 2450 A.C. Museo Louvre, París.
Imagen cedida por Eric Gaba.

EL ANTIGUO EGIPTO Y ORIÓN

La civilización egipcia nos dejó un legado extenso de edificios, artefactos, representaciones artísticas y jeroglíficos que nos permiten conocer en detalle muchos aspectos de su cultura. Aunque también es cierto que aún existen numerosos enigmas que dan lugar a diversidad de hipótesis y dividen las opiniones de los expertos. Uno de esos misterios sin resolver se encuentra en un colosal conjunto arquitectónico que parece hacer una clara alusión a la constelación de Orión: Las Pirámides de Gizeh.
En los años 90, el ingeniero Robert Bauval y el investigador Adrian Gilbert se embarcaron conjuntamente en una exhaustiva investigación acerca del asentamiento de Gizeh y formularon sus conclusiones en lo que llamaron la Teoría de la Correlación de Orión, que detallan en su libro “The Orion Mystery, Unlocking the Secrets of the Pyramids”. En él explican que las tres pirámides de Gizeh (Keops, Kefrén y Micerino) están situadas de tal manera que son una representación a escala de las tres estrellas que conforman el Cinturón de Orión, tal y como estaban situadas en el año 10.500 a. C. Además, descubrieron que en la pirámide de Keops hay unos angostos canales que comunican la Cámara del Rey y de la Reina con el exterior, orientados de manera que cuando el primero trazaba una trayectoria hacia el centro de la constelación de Orión, el segundo la trazaba hacia la estrella Sirio.
Pirámide de Keops, Realograma
Sección de la Pirámide de Keops con indicaciones de los canales que comunican con el exterior.
Curiosamente, dos de los dioses principales de los egipcios eran Osiris y su mujer Isis, a los que asociaban con Orión y la estrella Sirio respectivamente, y eran considerados los creadores de La Tierra y de la humanidad. Una vez más, nos encontramos ante una civilización que asociaba a Orión con el origen del hombre.
Cinturón de Orión y Pirámides de Gizeh, Realograma
Al superponer el mapa estelar del Cinturón de Orión sobre la posición de las Pirámides de Gizeh, vemos que el patrón coincide.

TEOTIHUACÁN Y ORIÓN

Teotihuacán fue una de las mayores ciudades prehispánicas que conocemos en Mesoamérica. Los restos de este asentamiento se encuentran a unos 45 km al noroeste del centro de la Ciudad de México. La fecha de su construcción y la identidad de sus primeros pobladores son una incógnita. Se especula que los habitantes iniciales pudieron ser los totonacos, los nahuas o los pueblos de habla otomanqueana, aunque hipótesis más recientes se inclinan a pensar que la ciudad de Teotihuacán fue un centro cosmopolita en la que convivieron grupos de diverso origen étnico.
Los monumentos más destacados en el lugar son la Pirámide del Sol, la Pirámide de la Luna y el Templo de Quetzalcóatl. El astrónomo británico Gerald S. Hawkins explica en su libro “Más allá de Stonehenge”, cómo la construcción de Teotihuacán está estrechamente ligada a algunas constelaciones. Mediante un programa informático descubrió que algunos de los edificios están orientados hacia la estrella Sirio (la misma que en el antiguo Egipto se identificaba con la diosa Isis, esposa de Osiris). Posteriormente, Adrian Gilbert investigó la posible relación entre las pirámides de la Luna y el Sol y el Templo de Quetzalcóatl con las tres estrellas del cinturón de Orión, observando que existe una correlación, al igual que ocurre con las Pirámides de Gizeh en Egipto.
Cinturón de Orión y Teotihuacán, Realograma
Aquí vemos cómo la posición de las estrellas del cinturón de Orión también coincide con la de las pirámides principales de Teotihuacán.

ORIÓN EN LA CHINA ANCESTRAL

En la antigua China también se construyeron pirámides, que a día de hoy están cubiertas de vegetación, y a primera vista pueden parecer meros montículos en el paisaje. Cerca deXi’an, capital de la provincia de Shaanxi, hay un conjunto de pirámides que están agrupadas siguiendo el mismo patrón que el conjunto de Gizeh en Egipto y el asentamiento de Teotihuacán en México, ¿nos encontramos de nuevo ante una“Correlación de Orión”?
Cinturón de Orión y Pirámides de China, Realograma
Mapa estelar del cinturón de Orión superpuesto a una fotografía aérea de las pirámides de Xian, China.

OTRAS CULTURAS QUE RENDÍAN CULTO A ORIÓN

En otras sociedades, como la Grecia Clásica y el Imperio Romano, encontramos referencias mitológicas y literarias a Orión. Por otro lado, en el más antiguo de los escritos sagrados del Hinduismo (Rg Veda) se cuenta la historia del dios Prajapati, que representa a la constelación de Orión, y es considerado uno de los dioses creadores.

LA CONSTELACIÓN DE ORIÓN DESDE LA CIENCIA ACTUAL

En estos últimos años, y gracias a los telescopios modernos, la astronomía la llegado a una serie de descubrimientos acerca de la fisionomía de la constelación de Orión. Uno de los más sorprendentes es que está cubierta por una gigantesca estructura de hidrógeno, plasma y estrellas nacientes: el Complejo de Nubes Moleculares de Orión, también conocido como M42. Este fenómeno, que se encuentra a 1500 años luz de nuestro planeta, destaca especialmente por ser una región intensa de formación estelar y hay indicativos de que nuestro sistema solar pudo tener su origen allí.
Nebulosa M42 en Orión, Realograma
Nebulosa que cubre Orión, conocida como M42.
El científico de la ESO (European Southern Observatory) Thomas Stanke, que ha dedicado estos últimos años al estudio de la M42, afirma que muchas de estas estrellas que están naciendo en Orión, evolucionarán como nuestro Sol y que algunas de ellas tendrán planetas parecidos al nuestro orbitando a su alrededor.
Es interesante contrastar este dato con la divinización de Orión por parte de aquellas primeras civilizaciones, que ya en aquellos tiempos consideraban Orión como el origen de su existencia y el lugar donde habitaban sus creadores. Nos encontramos ante uno de esos pliegues donde ciencia y creencias se solapan.
F: realograma

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