lunes, 11 de julio de 2016

Los viajes en el tiempo son posibles

revistaañocero.com
Cientos de incidentes registrados exponen la realidad de un fenómeno desconocido que conecta diferentes épocas ante los ojos de los testigos

¿Se puede viajar en el tiempo? A tenor de la investigación realizada por el investigador Vicente Fuentes, autor de Viajes en el tiempo: casos reales (Martínez Roca, 2015), podríamos decir que existen fallos en la línea temporal de los seres humanos que ocurren en determinadas condiciones. Nieblas extrañas, Objetos voladores no identificados e incluso épocas en donde se produjeron ensayos nucleares, parecen ser el germen de un desconocido y fascinante fenómeno. A continuación, les ofrecemos un breve pero ilustrativo extracto de este libro.
La ciencia contemporánea admite a día de hoy la existencia de hasta 26 dimensiones como resultado de diferentes estudios a nivel subatómico y son tan curiosas que nuestra mente no es capaz aún de asimilar lo diferentes que son de donde a día de hoy vivimos, en la cuarta dimensión temporal. Conocemos, como decía Platón sin equivocarse, sólo una parte de la realidad y estamos limitados por nuestros sentidos. Pero hay más. Recientemente se están realizando diferentes estudios sobre la posible influencia del Sol respecto a variaciones en el campo magnético de la Tierra, en la cual se crearían «zonas calientes» que podrían afectar a esa malla que parece comportarse como un fluido que emite continuamente un pulso estable.
Por otra parte, el famoso científico Stephen Hawking desarrolló cálculos para exponer las características de los agujeros negros que existen en el espacio, zonas de tal densidad que son capaces de absorber sistemas solares enteros doblegando la malla espacio-temporal donde descansa nuestro planeta.
¿Sería posible que ese mismo fenómeno se presentase a nivel local y fuese, en parte, la explicación de lo que les pasa a quienes se hallan en estas impresionantes situaciones? Como veremos, en muchos casos encontraremos lo que parecen ser reminiscencias cuánticas de lo que ocurre en el universo aquí mismo, en nuestro planeta…
EN EL CENTRO DE LIVERPOOL
Vamos con un caso excepcional ocurrido en Bold Street, en pleno centro de Liverpool, un enclave que ha sido escenario de decenas de sucesos de anomalías temporales. Este incidente es bastante reciente, ya que data del año 2006 y está contado en la obra Time Slips: Real Stories of Time Travel, de la investigadora Katherine Fletcher. Aquí tenemos a un joven de 19 años llamado Sean robando en unos grandes almacenes del centro de Liverpool. Le han descubierto y entre las actividades que tiene planeado para su día no se incluye pasar la noche en el calabozo, así que decide salir corriendo de allí. El guardia de seguridad del centro le persigue y enfila Hanover Street jugándosela entre varias zonas en obras donde el suelo está levantado. Allí, frente al Liceo y su fachada de cemento, se libra una singular disputa, una persecución urbana. Sean trata de escabullirse como puede y gira hacia un callejón sin salida que se llama Brookes Alley. Está perdido. No tiene escapatoria, pero sigue corriendo y tratando de pensar la forma de salir airoso de aquello. «Quizá una tubería de alguna casa», piensa. «O unas escaleras de incendio…»
Le da el viento en la cara sudorosa por la carrera mientras el policía sigue corriendo tras él. En ese momento, una sensación punzante localizada en la nuca le corta un poco el ritmo. Está casi sin aliento y le duele la parte trasera de la cabeza. Sean se da cuenta de que no tiene problema físico alguno para seguir moviéndose. Aun con el dolor, está bien. Pero algo pasa. Es su entorno, la atmósfera que le rodea. Se da la vuelta sabiendo que el policía debe estar a punto de alcanzarle, pero ya no está. No aparece por ningún lado. Está solo en el callejón…
LA VISIÓN DE HALE BANK
Por probabilidades debería estar ahí, no había muchos sitios donde ir y además estaba cerca; lo lógico era que hubiera girado por donde él lo había hecho. El protagonista no se lo explica, pero supone que le ha dado esquinazo gracias a un golpe de suerte. «De buena me he librado...», piensa sin saber lo que le espera... Con mil ojos sale del callejón y observa la calle Hanover de nuevo. Algo va mal. El pavimento, sin duda, es diferente. Los colores y la luz, desde luego, lo son. Los coches son todos de los años 60 del siglo XX.
Las obras que había en la calle han desaparecido. Se cruza con personas bien vestidas que le miran extrañadas. Sigue caminando y llega hasta Bold Street, en donde encuentra semáforos en puntos donde antes no los había, y hay arbustos y un pequeño parque delante del edificio del Liceo, antes de cemento gris. Reconoce un bar en la zona pero el cartel y su aspecto es totalmente diferente. Eso sí, tiene el mismo nombre, lo cual le desconcierta aún más. Sigue caminando. Todo es tan extraño que empieza a entrar en pánico. Es evidente que está en algún momento del pasado y que se ha transportado de forma instantánea sin saber cómo y sin poder controlarlo. Camina sin rumbo observando todo a su alrededor. Los vehículos, las personas. Lleva allí varios minutos y el mundo no vuelve a cambiar. «¿Y si me quedo aquí?», piensa.
Agobio absoluto. Piensa en su familia, su gente. Sus amigos ni siquiera habrían nacido en aquella época... «Amigos... ¡mi teléfono móvil!». Sean lo saca y observa que por supuesto… no tiene cobertura. Sigue andando y pensando qué hacer hasta que encuentra un quiosco de periódicos. Coge el Daily Post y observa la fecha del 18 de mayo de 1967. Cuarenta y un años de diferencia en una escena digna de película. Sigue Sean andando sin saber qué hacer por la calle. Sigue el agobio total. No vuelve a la realidad.
Está en el año 67 y quiere salir de allí, pero no puede. Avanza por Bold Street hasta que llega a una joyería que se llama Samuel H. Entra, saluda y saca el teléfono móvil disimuladamente. Ahí observa con alivio que sí tiene cobertura pero desde dentro, sorprendentemente sigue observando los coches de los sesenta, los abrigos y los trajes de la época de los Beatles y la calle Hanover sin obras. Cuando el chico sale de la tienda pasando por debajo del marco de la puerta, de repente todo vuelve a la normalidad. Decide cogerse el primer autobús que sale hacia su barrio y se sienta asombrado por cómo todo ha vuelto al siglo XXI tan de repente.
Cuando diferentes diarios se interesaron por la historia de este chico, los periodistas que siguieron el caso se quedaron anonadados al descubrir detalles de la construcción del Liceo en los años sesenta con arbustos organizados frente a la entrada, y con el emplazamiento exacto de los semáforos en aquella década justo donde el chico los había visto en su increíble experiencia.
Lo más destacado del caso podría ser la declaración del policía que perseguía al chico, ya que este observó cómo directamente aquel ladronzuelo desaparecía delante de él en plena persecución, lo que nos da dos perspectivas complementarias de la misma historia. Otro detalle fantástico es la entrada en la joyería en donde el fenómeno parece solapar ambos tiempos. En el interior de ese establecimiento ya es el siglo XXI puesto que su teléfono móvil tiene cobertura. En el exterior, sigue viendo el Liverpool de los años 60 del siglo XX. La hipótesis que podría barajarse en un primer momento es que este fenómeno actúa con sus propios «tempos». Viene y va. Se adapta a las circunstancias del testigo y parece que mientras solapa el tiempo presente y el pasado con una ventana invisible entre medias, parece que va devolviendo poco a poco al testigo al lugar que le corresponde. También es muy curioso que el testigo sienta una punzada en la parte posterior de la cabeza, es un detalle que expone una intervención física sobre el cuerpo del testigo.

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