jueves, 28 de julio de 2016

Niveles de consciencia imbuidos de la personalidad a la mónada

fuente http://davidtopi.com/
chispa-divina
Raramente ninguno de nosotros tiene la oportunidad de ponerse a ver que sucede en el interior de su psique con la suficiente claridad como para detectar cada uno de los programas que, automáticamente, detonan la creación de las formas mentales que traen a existencia nuestra propia realidad personal. Las experiencias de introspección y el esfuerzo que nos requiere estar atentos mediante una parte de nuestra consciencia a lo que sucede en el resto requieren de, al menos, unas ganas de comprendernos a nosotros mismos más allá de lo básico y obvio, y que no se disipen con el tiempo al no conseguir resultados pronto.
Imaginaros por un instante que pudierais ver con claridad, desde un punto de observación elevado, todo lo que se cuece en todo  momento en el interior de vuestra psique. ¿Que nos encontraríamos en las profundidades de la misma?
Muchas voces en la cabeza
Primero, os daríais cuenta de que hay muchas voces en la cabeza. Uno empieza comprendiendo que se trata de los múltiples Yos que forman la personalidad virtual que tenemos, producto de la fragmentación del programa ego por cuestiones de programación, supervivencia y adaptación, pero cuando los has unificado todos, y solo queda en la superficie de tu esfera de consciencia un “yo” único, el que hace tiempo me dio por llamar el “yo del ser”, pero siguen habiendo voces, o partes de ti que se hablan entre ellas, significa que aun hay que ahondar más profundo para ver que otras cosas se mueven por ahí.
Así, apoyados por la conexión con el punto central de nuestra esfera de consciencia, donde se encuentra la entrada hacia la consciencia de nuestro Yo Superior, podemos situarnos como observadores del resto de cosas, y lo siguiente que uno ve son la cantidad de energías que mueven y generan los patrones conductuales grabados en el tablero rúnico de la mente, ubicado en el cuerpo calloso, y que, como ya habíamos mencionado anteriormente, contiene toda la base de nuestra conducta y carácter, grabando y borrando comportamientos en base a lo percibido, aprendido, inculcado, estudiado, etc., del mundo que nos rodea. Uno puede percibir la “voz” de la runa donde tiene registrado el patrón de la duda, por ejemplo, de la impaciencia, de la amabilidad, etc., cómo se manifiestan a medida que van siendo activados por los procesos energéticos que involucran al programa ego, a las esferas mentales, al patrón conductual y finalmente, a la esfera de consciencia.
¿Quien soy yo?
Lo interesante es que mientras tu eres el observador y no te dejas llevar por esas formas mentales que conforman las múltiples capas de tu personalidad, puedes conocerte a ti mismo y saber quien eres, ya que, si el Yo del Ser se auto observa, y ve que no es su carácter, que no es sus comportamientos, que no es su ego, que no es su personalidad, entonces descubre, y puede asustarse, ante la pregunta de, entonces “¿yo quién soy?”.
Desde esa posición, lo primero que asalta es una terrible visión de que no eres nada de lo que te define en el mundo, pues puedes verte separado de ello. Puedes ver todos los patrones de comportamiento con los que la gente de tu alrededor define tu carácter, cuando alguien dice que eres así y asa, cuando alguien describe tu forma de ser, y, sin embargo, es falso, no eres eso, pues lo estás viendo separado de ti como unos procesos automáticos que están dándose “ahí” en partes de ti que no son tu. Tras el primer susto, entonces miras hacia otro lado, si no soy todo lo que me define en el mundo exterior como el personaje que muestro, la respuesta estará en otro lado. Miras hacia tu Yo Superior, es decir, desde tu posición como el Yo del Ser en la superficie de la esfera de consciencia miras hacia “dentro”, hacia lo que percibes como lo más elevado y profundo de ti, pero tampoco, en estos momentos eres exactamente eso, ya que puedes identificarlo como algo también separado en lo que no has terminado de imbuirte por completo totalmente, aunque estemos dando los pasos para ello. Pero ya nos vamos acercando a una respuesta más clara que nos va dando más tranquilidad. Vemos que somos, como observadores, en estos momentos, un punto intermedio entre lo artificial de nuestra personalidad egóica, y lo elevado de nuestro ser.
La partícula primordial
Pero si uno va más lejos, tiene otro punto de referencia que se abre paso, si primeramente se le ha reconocido y atraído hacia la dimensión física, a lo que llamamos nuestra esencia, nuestra mónada, nuestra chispa divina. Eso si que es sublime. Como la seguimos percibiendo como externa, entonces sigo estando en un punto de observación equidistante que me hace darme cuenta de los diferentes niveles de conciencia que existen en mi. ¿Cual elijo? Depende del nivel evolutivo de cada uno, de como se haya trabajado el sistema energético para imbuir y soportar la energía de una consciencia u otra, de cual “limpio” y bajo control están los procesos de la consciencia artificial y del ego, etc.
Cuando escribí el artículo “ábrete corazón”, fui pura “esencia”, pues mi mónada tomó el control de todo mi vehículo físico y energético durante un tiempo, y mi visión del mundo era la visión de la partícula primordial que nos define a todos como parte de la Creación y como parte de la Fuente. Cuando se retiró a una posición de presencia pero de no control, dio paso a sentirme mi Yo Superior, mi ser, siendo mis ojos y mi carácter los ojos y el carácter de esa otra parte de mi, cuando ambas partes cedieron de nuevo el control del conjunto a la personalidad, volví a ser el Yo del Ser, pero ya percibía con mayor claridad al programa ego, a los patrones, arquetipos y programas de las esferas mentales, y a todo lo grabado en las runas de mi patrón conductual como algo “superpuesto” y no real en aquello que somos.
Tres diferentes estados de consciencia, como mínimo, que todos podemos llegar a experimentar y que nos dan muchas claves de diferentes niveles a los que podemos acceder, a medida que se va desmontando todo aquello que no somos, para poder ver aquello que si somos, y que, en ocasiones, nos den destellos de cómo se percibe la realidad desde estos diferentes puntos de vista, como nos percibimos a nosotros mismos siendo pura esencia, siendo puro ser o siendo pura personalidad.

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