sábado, 24 de septiembre de 2016

EL GRAN MISTERIO DE LA EXISTENCIA NEGATIVA O NO MANIFESTADA DE DIOS EN LO UNIVERSAL (CABALA)




Ain Soph Aur

La Cábala considera al Dios Creador como un ente incorpóreo, eterno, inmutable y perfecto.  El mundo ha sido creado por su voluntad y por su impulso, ya que se requiere un movimiento para salir del estado de inercia primordial donde no existe ni espacio, ni tiempo, ni movimiento.

Todo lo que existe es la obra de Dios Creador y se mantiene fuera de él. La etimología de la palabra existencia (ex-istere) expresa bien precisamente esa característica: lo que se tiene fuera de sí, algo que se proyecta sin cesar. En este sentido, la existencia (todo lo que existe) es lo objetivo (ob-jectum, lo que está proyectado adelante y fuera de sí). Definir el concepto de existencia negativa es imposible, porque el hacerlo niega su propia existencia.

Cuando, según el texto de la Biblia (Exodo 3:14), Moisés le pregunta a Dios ¿Quién eres?, éste responde: Eheieh (Yo soy el que es). Dios es pues, indefinible, imposible de limitar y precisar, de otra manera él dejaría de ser lo que es, para dar paso a otro Creador superior, lo que es contradictorio. Dios es lo indecible.

Ain es el nombre cabalístico de la Existencia Negativa. Ain Soph, es la Expansión Ilimitada y Ain Soph Aur, la Luz Ilimitada. Son conceptos esotéricos y que expresan la idea esencial de Dios o Creador de todo.

Los 3 velos de la existencia negativa

El árbol de la Vida esta tradicionalmente dividido en cuatro secciones, separados por tres velos horizontales

El primer velo es el de la iniciación, (grado de aprendiz en la Francmasonería). Separa el sefira Malkuth del resto del árbol. El iniciado que franquea este velo esta en el pricipio del trabajo. Toma consciencia del mundo inmaterial y puede comenzar a dominar el nivel metal y espiritual.
El segundo velo es llamado Paroketh en terminología cabalista (grado de compañero en la Francmasonería). Separa los tres sefirot del mundo psíquico (Yesod, Hod, Netzach) de los sefirot de niveles superiores. El iniciado que los franquea percibe los albores de los planos superiores tomando consciencia de la energía del sefira Tiphereth y de su naturaleza profunda.
El tercer velo es aquel de la consciencia misma (grado de maestro en la Francmasonería). El iniciado atraviesa el sefira inmaterial Daath (simbolizado por la muerte de la consciencia física – el pasaje del ataúd en el ceremonial de exaltación masónica). Llega a los niveles superiores atravesando el velo que separa los tres sefirot místicos (Tipereth, Geburah y Hesed) de los tres sefirot metafísicos (Binah, Hokmah y Kether). El iniciado toma consciencia de su naturaleza divina y adquiere el dominio del éxtasis místico.
Se habla de un cuarto velo, el de la existencia, que separa el mismo árbol de la vida de aquello no creado (la no existencia negativa) que es el dominio primordial del Ain Soph Aur. El iniciado que lo franquea alcanza al Ser divino, a Dios Mismo, perdiendo así su existencia (es por eso que está escrito que nadie puede ver a Dios y sobrevivir).



La  creacion del Mundo segun la Cábala

ain soph aurAl comienzo estaba el Ain, la Nada, el vacio Absoluto. Después vino el Ain Soph, el espacio infinito y sin límite. En fin, vino el Ain Soph Aur, la luz intinita, que llenó primero el Ain Soph y después se contrajo, haciendo nacer la vida en la esencia misma de la luz: Kether.
Esta luz ilimitada se manifiesta como un destello en el alto del árbol de la Vida, en el nivel de la primera corona, el sefira Kether. A partir de Kether, la primera manifestación de la luz ilimitada, el resplandor va recorrer toda la estructura del árbol de la Vida, de arriba hacia abajo, pasando sucesivamente por los 10 sefirot que representan las emanaciones degradadas de la luz.

El nivel más bajo del árbol de la Vida está representado por Malkuth, correspondiente a nuestro mundo material. La luz adapta su pureza o su frecuencia, degradándola en la medida que ella desciende en el árbol de la Vida, con el fin que nuestro mundo material pueda aprehenderla sin enceguecerse. Ese es el proceso de evolución material. El proceso inverso, la el camino de la involución para reintegrarse a la luz se hace progresivamente a partir desde el sefira Malkuth. La luz desciende hasta nosotros para invitarnos a comprenderla y a seguirla remontando hacia la cima del árbol. En este camino de retorno cada sefira representa una etapa a comprender y a integrar para ser capaz de alcanzar el nivel siguiente, conduciendo al discípulo hacia la iluminación, representada por Kether.


Para todo propósito práctico podemos comprender la Naturaleza del Cosmos si aceptamos Los Velos como convenciones filosóficas y nos damos cuenta de que corresponden a Las limitaciones humanas y no a Las condiciones cósmicas mismas. El origen de Las cosas es inexplicable en términos filosóficos. Por más lejos que alcancemos en nuestra retrospección hacia Los orígenes del mundo de manifestación, siempre encontraremos una existencia precedente. Solamente cuando aceptamos correr un Velo de Existencia Negativa en el sendero que lleva a Los primitivos principios, es cuando logramos un fondo sobre el cual resulta visible la Causa Primera. Y esta Causa Primera no es un origen sin raices, sino meramente la Primera Apariencia en el Plano de la manifestación. La mente no puede ir más allá, aunque, sin embargo debemos recordar que las distintas mentalidades pueden recorrer diferentes distancias, y para algunas el Velo debe ponerse en un sitio y para otras en otro.

El ser humano ignorante no va más allá del concepto de Dios como un anciano, con una larga barba blanca, sentado en un Trono de Oro, y dando órdenes a la Creación. El hombre de ciencia irá poco más allá antes de verse obligado a tender el Velo que llama éter, y el filósolo irá todavía mucho más allá antes de tender el Velo que llama Absoluto. Pero el Iniciado irá mucho mas allá, porque ha aprendido a pensar por medio de símbolos y los símbolos son para la mente lo que las herramientas son para manos: una aplicación extensiva de sus poderes,

El Cabalista toma como punto de partida Kether, la Corona, el Primer Sephirah, que simboliza la cifra I, la Unidad, el punto dentro del circulo. Detrás de esto, coloca Los Tres Velos de la Existencia Negativa. Esto es muy distinto que tratar de partir del Absoluto y seguir así el trabajo hasta la Evolución. Quizá no conduzca inmediatamente hasta un conocimiento preciso y completo del origen de todas las cosas, pero permite a la mente tener un punto de partida, y si no tenemos un punto de partida, menos podemos esperar tener uno de llegada.

Por lo tanto el Cabalista empieza donde puede, o sea en el punto que está todavia dentro del alcance de la conciencia finita. Kether equivale a la forma o concepto más trascendental que podemos concebir de Dios, cuyo nombre es Ehieh, que la versión autorizada de la Biblia traduce como "Yo Soy", o, más claramente, el Ser Puro, Unico, Existente por Sí Mismo.

Pero estas palabras son palabras y nada más, a menos que sean capaces de transmitir algo a la mente, y en sí mismas no pueden hacerlo. Hay que correlacionarlas con otras ideas antes que se logre ese objeto o tengan algún significado. Sólo empezamos a comprender a Kether cuando estudiamos a Kjokmah (Chokmah), el Segundo Sephirath, su emanación. Y en realidad, sólo cuando vemos todo el desenvolvimiento de Los diez Sephiroth estamos en condiciones de aproximarnos a Kether, haciéndolo con Los datos que nos da la clave de Su Naturaleza. Al trabajar con el Arbol de la Vida es mucho mejor mantenerse siempre en marcha más bien que detenerse en un punto determinado hasta haberlo dominado por completo, porque cada cosa explica la otra, y la iluminación es el resultado de la percepción de Las relaciones entre Los diferentes símbolos. Nuevamente repetimos que el Arbol de la Vida es un método para utilizar la mente y no un sistema de conocimiento.

Sin embargo, por el momento, no nos estamos ocupando del estudio de Las Emanaciones, sino de Los orígenes hasta donde la mente humana es capaz de penetrarlos, y, por paradójico que pueda parecer, entraremos aún mucho más allá tan pronto como tendamos el Velo, mucho más que si tratáramos de penetrar sin él a través de Las tinieblas. Por lo tanto, resumiremos la posición de Kether en una sentencia, que quizá tenga poco o ningún significado para el estudiante que considere por primera vez la materia, pero que, si se conserva en la mente, comenzará a desenvolver su significado vívidamenté más tarde. Al hacerlo así nos atenemos a la antigua tradición esotérica de dar al estudiante un símbolo para que lo geste hasta que lo dé a luz en su mente, en vez de darle instrucciones explícitas, que en realidad no le dirían nada preciso. La sentencia germinal que echamos intencionalmente en la subconsciencia del lector es la siguiente: "Kether es el Malkuth del Inmanifestado". Dice Mathers en la obra citada: "El océano Infinito de la Luz Negativa no procede de un centro, porque carece de él, sino que se concentra en un centro que es el numero Uno de Los Sephiroth manifestados, Kether, 1a Corona, el Primer Sephirah".

Las palabras en sí mismas son contradictorias e incomprensibles. La Luz Negativa no es más que una manera de decir que lo que se describe, aunque tiene ciertas cualidades en común como la Luz, no es, sin embargo, Luz, tal como la conocemos, lo cual en verdad, nos dice muy poco acerca de lo que se nos quiere describir. Por lo tanto se nos dice que no cometamos el error de pensar en ello, como Luz, por la sencilla razón de que la mente no está en condiciones para formar imágenes que la representen y, por consiguiente, debe dejar la cuestión sola, hasta que se produzca el crecimiento indispensable. No obstante, aunque estas palabras no nos digan lo que deseamos saber, transmiten ciertas imágenes a la imaginación, Las cuales se van sumergiendo en mente subconsciente, donde mucho después evocarán ciertas ideas que penetrarán en la mente consciente y que están relacionadas con aquéllas. Así es como el conocimiento va surgiendo cuando se dá al método de la Cábala su aplicación práctica, que es el Yoga del Occidente.

Los Cabalistas reconocen cuatro planos de Manifestación y tres planos de Inmanifestación o Existencia Negativa. Al primero de éstos se le da el nombre de "Ein" (Ain), negatividad; al segundo "Ein Soph", lo Ilimitado, y al tercero "Ein Soph Aur", la Luz llimitada. De esta última se concentra Kether. Estos tres términos son Los Tres Velos de la Existencia Negativa que están tras Kether. En otras palabras, son Los símbolos algebraicos que nos permiten pensar en lo que trasciende al pensamiento y que a la vez ocultan aquello que representan: son como la máscara. Realidades Trascendentales.

Si pensamos acerca de los Estados de existencia negativa en términos de cualquier cosa que conozcamos, cometeremos un error porque sean lo que sean, no pueden ser lo que pensemos, ya que son Inmanifestados.

La expresión "Velos" nos enseña, por lo tanto, que no sirven más que de fondo, carecen de valor en sí mismos, pero nos son útiles en nuestros cálculos, ideas que, de otra manera, serían inconcebibles. Como la esencia del Arbol de la Vida reside en el hecho de que hace que sus símbolos se expliquen unos a otros por medio de sus posiciones relativas, estos Velos sirven como pedestales para el pensamiento, permitiéndonos sostenernos en regiones todavía desconocidas para nosotros. Sin embargo, esos Velos, si bien ocultan lo que representan, nos permiten ver claramente aquello a lo cual sirven de fondo, y esa es su función y objeto.

Son nuestras propias limitaciones las que hacen indispensables esos símbolos insolubles, que se presentan a nosotros, pero la mente disciplinada en la filosofía esotérica, pronto aprende a trabajar dentro de estas limitaciones y acepta como Velos puestos al símbolo de lo que está más allá de su alcance. Así es como recorre el camino de la sabiduria, porque la mente va creciendo con aquello de que se la alimenta, y un buen día, cuando hayamos logrado ascender hasta Kether, podremos tener la esperanza de elevar Los brazos y desgarrar el Velo, y contemplar la Luz Infinita.

El Esoterista no se limita a sí mismo declarando que lo Desconocido es siempre Desconocible, porque sobre todas las cosas es un evolucionista y sabe que lo que hoy no se puede abarcar, puede muy bien ser realizado en el mañana del tiempo cósmico. También sabe que el tiempo evolutivo es un asunto individual en los mundos internos y que se mide, y no se regula, por la revolución de la Tierra sobre su propio eje.

Esos tres Velos: Ein, Negatividad; Ein Soph, Ilimitado, y Ein Soph Aur, la Luz Ilimitada o Infinita, aunque no podamos comprenderlos, sugieren ciertas ideas. Negatividad quiere decir Ser o existencia cuya naturaleza no podemos comprender. No podemos concebir una cosa que es y que sin embargo, no es. Por lo tanto, tenemos que concebir alguna forma de ser de la que jamás hayamos tenido experiencia consciente; la forma de un ser que, según nuestros conceptos de la existencia, no exista y que, sin embargo, si es que podemos decirlo así, exista de acuerdo con su propia idea de la existencia. Para usar Las palabras de un gran sabio podriamos repetir: "Hay muchísimas más cosas en Los Cielos y en la Tierra de Las que podamos soñar en nuestra filosofía".


Pero, aunque digamos que la Existencia Negativa está fuera del alcance de nuestra realización, esto no significa que estemos fuera del radio de su influencia. Si asi fuera, podriamos descartar eso por completo y nuestro interés terminaría definitivamente. Por el contrario, aunque no tengamos acceso directo a su ser, todo cuanto sabemos que existe tiene su raiz en esta Existencia Negativa, de manera que aunque no podamos conocerla directamente, podamos tener experiencia de la misma, aunque remota. En otras palabras, aunque no podamos conocer su naturaleza, conocemos sus efectos, de la misma manera que si bien ignoramos lo que es la electricidad en sí misma, sin embargo podemos hacer que nos sirva en nuestra vida, y de nuestra experiencia de sus efectos podemos llegar a conclusiones ciertas concernientes por lo menos a las cualidades que posee.

Los que han penetrado más profundamente en lo Invisible nos han dado descripciones simbólicas gracias a las cuales podemos dirigir nuestra mente en dirección a lo Absoluto, aunque no podamos alcanzarlo. Han hablado de la Existencia Negativa como Luz: "Ein Soph Aur, la Luz Infinita". También han hablado de la Primera Manifestación como Sonido: "En el Principio era el Verbo".

Recordamos haber oído decir una vez a un hombre a quien consideramos como un gran Adepto, lo siguiente: "Si queréis saber lo que es Dios, puedo decíroslo en tres palabras: Dios es presión". Y de inmediato brotó en nuestra mente una imagen seguida de una realización. Pudimos concebir el flujo de la Vida a través de todos los medios y canales de la existencia. Sentimos que habíamos logrado una verdadera realización de la naturalez de Dios. Y. sin embargo, si nos ponemos a analizar fríamente esas palabras, no hay en ellas absolutamente nada. No obstante, tenía el poder de transmitir una imagen, un símbolo, y la mente, operando en el reino de la intuición, más allá de la razón, alcanzaba una realización, aunque esa realización sólo pudiera reducirse, a la esfera del pensamiento concreto, a una imagen.

Es necesario que nos demos cuenta de que en esas regiones abstractas la mente sólo puede usar símbolos, pero esos símbolos sólo tienen el poder de transmitir realizaciones a la mente que sabe cómo utilizarlos. Esos símbolos son los gérmenes mentales de donde brota la comprensión, aun en el caso de que no seamos capaces de expandir y transformar el simbolo en una realización concreta.

Poco a poco como una marea ascendente, la realización va concretando lo Abstracto, asimilando y expresando en términos de su propia naturaleza cosas que pertenecen a otra esfera, y cometeríamos un gravísimo error si tratáramos de probar con Herbert Spencer que porque una cosa es actualmente desconocida para la mente que poseemos, tiene que permanecer desconocida para siempre. EL tiempo no sólo va aumentando nuestros conocimientos, sino que la Evolución acrecienta nuestras capacidades, y la Iniciación, que es la Evolución forzada, aporta facultades anticipándose a la estación normal y llevando la conciencia del Adepto a una expansión que le permite vastas captaciones, muchísimo más allá de las que puede alcanzar la mente humana común. Estas ideas, aunque el Adepto las comprende perfectamente en su nueva conciencia, no le es posible transmitirlas a otros si no participan de su misma conciencia. Sólo puede expresarlas en forma simbólica, pero todo aquel que haya tenido experiencia más amplia podrá captar esas ideas en su propio plano, aunque no pueda transportarlas a la esfera del pensamiento consciente.

Es de esta manera como en la literatura esotérica se diseminan gérmenes o ideas germinales tales como “Dios es presión”, o "Kether es el Malkuth de la Existencia Negativa". Estas imágenes, cuyo contenido no pertenece a nuestra esfera, son los gérmenes masculinos de pensamiento, que fecundarán el óvulo de la realización concreta. En sí mismos, son incapaces de mantener más que una existencia fugitiva en la conciencia, como un relámpago de realización; pero sin ellos, el óvulo del pensamiento filosófico quedaría estéril. Sin embargo, impregnado por ellos, su substancia es absorbida y se pierde en el acto mismo de la impregnación, y entonces comienza el crecimiento dentro del informe germen mental, hasta que, ultérrimamente, después de la debida gestación la mente da a luz a una idea en el umbral de la conciencia.

Si queremos sacar el mayor partido posible de nuestra mente, es necesario que aprendamos a dejar pasar tranquilamente ese período de latencia, de gestación, después de que haya sido impregnada por algo externo de nuestro plano de existencia, hasta que la gestación culmine su obra más allá del umbral de la conciencia. Las invocaciones de las ceremonias iniciatorias tienen por objeto precisamente atraer esa influencia impregnante sobre la conciencia del candidato.

De ahí que los Senderos del Arbol de la Vida, que son las gradas de la iluminación del alma, estén intimamente asociados con el simbolismo de las ceremonias iniciatorias.

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