lunes, 5 de septiembre de 2016

‘Stranger Things’: ¿Qué tan reales son los mundos paralelos?

mysteryplanet.com.ar
ADVERTENCIA: Este artículo contiene spoilers de la serie original de Netflix Stranger Things (1ra temporada, 8 capítulos). Se recomienda ver primero la serie.
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Ambientada en un pequeño pueblo en la década de los 1980s, la exitosa serie Stranger Things se centra en un grupo de niños que buscan a su amigo desaparecido en extrañas circunstancias. Pronto, los protagonistas se dan cuenta que tras el evento se esconde una fuerza que no pertenece a este mundo, sino a una siniestra versión alternativa de nuestra realidad.
Y si bien la idea de un universo paralelo tan tenebroso como el que es mostrado en la serie tal vez no esté «bajo» el nuestro, la noción básica concuerda con los conceptos que han propuesto los físicos teóricos durante décadas.

Más extraño que la ficción

En Stranger Things, los habitantes de Hawkins, Indiana, viven en la incómoda proximidad del Mundo del Revés (‘the Upside Down’), una versión de la realidad en la que nuestro mundo es un oscuro páramo lleno de muerte, cuyo portal ha sido abierto por accidente en experimentos secretos del gobierno de EE.UU. relacionados con la expansión de los poderes de la mente. Esta entrada crea una conexión entre nuestro mundo y su versión alternativa, permitiendo cierto nivel de interacción paranormal entre ambos, además de incursiones esporádicas de una horrible criatura: El «demogorgón».
La ciencia ficción está a la orden del día en esta serie, pero como bien refleja la base de este género especulativo, detrás de cada ficción hay algo de ciencia real, sobre todo de aquella teórica y fronteriza que tanto apasiona a las mentes más fértiles. Por ejemplo, en este caso, la concepción de mundos paralelos parece haber sido tomada de la interpretación mecánico cuántica que hizo el físico estadounidense Hugh Everett. De hecho, en un capítulo de la serie (Capítulo 5) se hace referencia a su sorprendente teoría: la interpretación de los mundos múltiples.
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El oscuro ‘Upside Down’, el Otro Lado o Mundo del Revés.
La propuesta de Everett es que cada medida «desdobla» nuestro universo en una serie de posibilidades. Por ejemplo, si pasas por un charco en la calle y luego te miras los zapatos para saber si siguen limpios o no, dos realidades con resultados diferentes se crean a partir de ese punto. Sin embargo, a diferencia del Mundo del Revés en Stranger Things, estas realidades no pueden interactuar entre sí una vez bifurcadas.
Esto ha llevado a muchos fans a esbozar sus propias teorías sobre el mundo paralelo que se muestra en la serie, siendo la más llamativa de todas aquella que habla de una realidad alternativa en la que un conflicto nuclear acabó con la mayoría de la vida que conocemos en el planeta Tierra, y donde los únicos habitantes serían monstruos nacidos de la contaminación radiactiva y el invierno nuclear.

Rodajas de pan

Bill Poirier, físico y químico cuántico de la Universidad Tecnológica de Texas en Lubbock, ha propuesto un variante de la teoría expuesta anteriormente, la cual fue publicada en 2014 en la revista científica Physical Review X. En ella, los múltiples mundos pueden «hablar» entre sí, siempre y cuando se encuentren lo suficientemente cerca.

La diferencia principal entre la concepción de Everett y la de Poirier, es que para este último no hay universos que se bifurquen. Por lo tanto, a pesar que tengamos un gemelo malvado en un universo paralelo, no sería resultado de una división producida en cierto punto. Tampoco, debido a esta dicotomía entre el bien y el mal, se podría viajar de un mundo a otro.
«Los universos alternativos están apilados unos sobre otros como si fueran rodajas de un mismo pan; y a más similitud entre los universos, más próximas están las rodajas. De esta manera, cualquier diferencia lo suficientemente grande como para ser percibida a ojo desnudo significaría que el universo alternativo estaría tan distante que sería imposible viajar a él», explica Poirier. «En cambio, ínfimas diferencias a una nanoescala, significaría que esos mundos realmente pueden hablar e interactuar entre sí».
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En resumidas cuentas, según Poirier, la interacción entre el Mundo del Revés escenificado en Stranger Things y nuestra realidad, sería muy poco probable, pues vendrían a ser como las dos tapas del pan que encierran las demás rodajas, posicionadas en extremos totalmente opuestos.

Membranas y queso suizo

El campo de la física teórica ha producido casi tantas teorías de mundos paralelos como ramas en el árbol de universos de Everett. Todas, empero, sufren de una deficiencia fatal: ninguna ha encontrado la evidencia definitiva.
«Aunque la idea me fascina mucho, soy bastante escéptico en cuanto a todas las propuestas de multiversos», dice Brian Greene, físico teórico de la Universidad de Columbia en NYC. «Algunas teorías emergen naturalmente de la física conocida. Por ejemplo, la matemática generalizada detrás del Big Bang, un periodo de inflación masiva que creó el universo hace 13.800 millones de años, podría ser utilizada para generar no solo uno, sino muchos Big Bangs, y por ende, muchos universos distintos».
Como si se tratase de un enorme trozo de queso suizo en donde cada agujero representa un universo, «todos están incrustados dentro de una extensión cósmica más grande», continúa.
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«En algunas ocasiones, estos universos podrían colisionar, produciendo una huella cósmica en la radiación del fondo de microondas que somos capaces de detectar en nuestro propio universo», añade Greene.
Según la teoría de cuerdas, cada universo existiría en una membrana, cuyos bordes forman ondulaciones que están en constante movimiento, como las olas en el mar. Es decir, las membranas serían burbujas en olas de mar que al chocar inician los Big Bangs.
«De hecho, vivimos en tal multiverso, que los rastros de estos mundos ocultos podrían mostrarse en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el colisionador de partículas más grande del mundo, ubicado en Ginebra, Suiza. En esta instalación subterránea, las colisiones de protones generan residuos que son eyectados de nuestro universo a otro», sentencia Greene.

La pulga y el acróbata

Antes de concluir este artículo, no podíamos dejar de mencionar la escena de Stranger Things en la que el Sr. Clarke, el profesor de ciencias al que siempre acuden los protagonistas de la serie cuando están en apuros, hace una analogía para explicar la existencia de un mundo paralelo como el Mundo del Revés.
El Sr. Clarke le pide a los chicos que imaginen a nuestra dimensión como una cuerda floja, y a todos sus habitantes como acróbatas caminando sobre la misma. Desde la perspectiva de un acróbata, la cuerda es plana y solo puede caminar sobre ella hacia adelante o hacia atrás, cualquier paso en falso —gracias a la gravedad— sería mortal.
Siguiendo la misma analogía, el Sr. Clarke agrega una pulga a la situación. La pulga no tiene las limitaciones del acróbata y puede desplazarse hacia los costados y hacia abajo del plano de la cuerda y, por lo tanto, acceder a otras dimensiones.
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Clic en la imagen para ver la escena de la serie en idioma original.
Esta analogía no es fácil de entender para algunos ya que, si la pulga existe en la misma dimensión que el acróbata, ¿por qué no seguiría las mismas leyes de la física? ¿Por qué el acróbata no puede ser como la pulga?
Fuera de la ficción, el físico teórico Paul Steinhardt nos lo explica con más detalle. El acróbata es enorme comparado con el grosor de la cuerda por la cual camina. Ergo, solo puede ver la cuerda como una línea unidimensional en donde está restringido a moverse hacia atrás y adelante. «Nunca caminará alrededor de la cuerda en dirección circular, es demasiado grande y se caería», dice Steinhardt.
Sin embargo, la pulga en la misma cuerda no solo puede caminar hacia atrás y adelante, sino también alrededor de la circunferencia de la cuerda, incluyendo la parte de abajo totalmente invisible para el acróbata.
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Eleven (11).
Esta analogía explica de manera simple la teoría de cuerdas, la cual propone que las partículas materiales son en realidad un amasijo de cuerdas minúsculas que vibran en un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones. Criaturas más grandes que esas cuerdas —como Ud., quien escribe, o el acróbata— solo serían capaces de moverse por el espacio tridimensional. Pero diminutas, muy diminutas partículas —representadas por la pulga—, podrían moverse a través de las tres dimensiones regulares y las dimensiones extra, once en total. Once, ¡justamente como el nombre de una de las protagonistas principales!

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