sábado, 31 de diciembre de 2016

Dominar el miedo

shurya.com
No es posible eliminar ni dominar el miedo; solamente se puede comprender. La palabra clave aquí es comprender. Solamente el comprender puede provocar una mutación. Si tratas de dominar tu miedo, este permanecerá agazapado en las profundidades de tu ser. No ayudará, sino que complicará las cosas. Siempre que salga a la superficie, querrás reprimirlo, pues eso es lo que significa dominar.
Y podrás reprimirlo tan profundamente que lo harás desaparecer de tu conciencia. Entonces, jamás serás consciente de él, aunque eso no quiere decir que no esté allá oculto en el sótano, ejerciendo su influencia. De esa forma, el miedo podrá manejarte y manipularte, pero tan sutilmente que no lo reconocerás por lo que es. Sin embargo, el peligro permanece oculto en el lugar más recóndito, donde es más difícil comprenderlo.
Por tanto, no trates de dominar ni de eliminar el miedo.
Es imposible eliminarlo puesto que contiene un tipo de energía, y la energía no se destruye. ¿Has visto cuán grande puede ser la energía del miedo? Es como la de la ira. Los dos son dos aspectos del mismo fenómeno de energía. La ira es agresiva mientras que el miedo no es agresivo. El miedo es ira en un estado negativo; la ira es miedo en estado positivo.
¿No has observado cuán grande es el poder de la ira cuando se apodera de ti?
Podrías incluso lanzar una roca que normalmente ni siquiera podrías levantar. Adquieres un poder tres, cuatro veces mayor cuando la ira invade. Puedes hacer ciertas cosas que no podrías hacer en un estado normal.
Cuando tienes miedo podrías correr a tanta velocidad que hasta un atleta olímpico te envidiaría. El miedo crea energía; el miedo es energía; y la energía no se destruye. No es posible eliminar ni siquiera un ápice de energía. Esto es algo que debes tener presente siempre, o de lo contrario podrías cometer un error. Nada se destruye, sólo se transforma. No es posible destruir ni siquiera un pedrusco; no es posible destruir ni siquiera un átomo de arena. Solamente cambiar su forma. No se puede destruir ni una gota de agua; se puede convertir en hielo, o evaporar, pero siempre permanece. Permanece en alguna parte porque no puede dejar de existir.
Tampoco es posible destruir el miedo. La gente ha tratado de destruir el miedo desde tiempos inmemoriales, como también ha tratado de destruir la ira, y la sexualidad, y la codicia, y esto y aquello. El mundo entero ha hecho esfuerzos continuamente para destruir las energías.
¿Y cuál ha sido el resultado?
Que la humanidad esté hecha un desastre. No se ha podido destruir nada, todo sigue aquí. Lo único es que todo es más confuso. No hay necesidad de destruir nada, porque, para comenzar, no es posible destruir cosa alguna.
¿Entonces qué debe hacerse? Es preciso comprender el miedo. ¿Qué es el miedo? ¿Cómo surge? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su mensaje? Es preciso examinarlo, sin juzgar, para poder comprenderlo. Si ya tienes la impresión de que el miedo es una equivocación, de que no debería existir –No debería sentir miedo- no estarás en capacidad de observar. Entonces, ¿cómo enfrentar el miedo? ¿Cómo ver al miedo a los ojos si ya han decidido que es su enemigo? Nadie mira al enemigo a los ojos.
Si lo consideras malo, tratarás de pasar lejos de él, de evitarlo, de dejarlo de lado. Tratarás de no cruzarse en su camino. Sin embargo, eso de nada servirá porque no por evitarlo desaparecerá.
Lo primero es deshacerse de toda acusación, de toda valoración, de todo juicio. El miedo es una realidad a la cual hay que enfrentar y comprender, y es sólo comprendiéndolo que se puede transformar.
En efecto, se transforma a través de la comprensión. No es necesario hacer nada más; la comprensión lo transforma.
¿Qué es el miedo? Para empezar, el miedo siempre se asocia con algún deseo. Quieres convertirte en la persona más famosa del mundo; sentirás miedo. ¿Qué pasará si no lo logras? El temor se apodera de tu ser. Así, el miedo es un subproducto del deseo. Alguien desea ser la persona más rica del mundo. ¿Qué tal si no lo logras? Comienza a temblar y aparece el miedo. Un hombre desea poseer a una mujer y teme no poder aferrarse a ella en el futuro porque ella podría desear irse con otro. Ella está viva y bien puede irse.
Solamente una mujer muerta estaría imposibilitada para irse, en cuyo caso el hombre poseería un cadáver y no tendría que temer porque estaría con él para siempre. Es posible poseer un mueble, porque ahí no hay miedo. El miedo se presenta con el deseo de poseer a un ser humano. Quién sabe… ayer el hombre no poseía a la mujer, hoy la posee… quién sabe si mañana sea de alguien más.
El miedo surge del deseo de poseer. Es el subproducto de ese deseo de poseer. Si no hay deseo de poseer, no hay miedo. Si no deseas ser esto o aquello en el futuro, no tendrás miedo. Si no deseas ir al cielo, el sacerdote no podrá infundirte miedo. Si no deseas ir a lugar alguno, nadie podrá infundirte miedo.
Si comienzas a vivir el momento, el miedo desaparecerá.
El miedo viene a través del deseo. Básicamente, el deseo engendra miedo.
Observa. Busca de dónde viene el miedo, cuál es el deseo que lo origina, y reconoce su inutilidad. ¿Cómo podría alguien poseer a un hombre o a una mujer? Es una noción completamente estúpida. Solamente se pueden poseer las cosas, no las personas.
La persona es libertad. la persona es bella gracias a su libertad. El ave es bella cuando vuela en el cielo. Cuando se encierra en una jaula, deja de ser la misma. Parece un ave, pero no es la misma. ¿Qué se hizo el cielo? ¿Dónde está el sol? ¿Dónde está el viento? Todos han desaparecido, y el ave no puede ser la misma.
Cuando dejes de sentir miedo, tendrás a tu disposición esa energía que ha estado acaparada y aprisionada en el miedo. Esa energía se convertirá en creatividad. Podrá convertirse en una danza, en una celebración.
¿Sientes miedo de morir? No puedes morir, porque, en primer lugar, no eres. ¿Cómo podrías morir si no eres? Busca en las profundidades de tu ser para ver quién está allí para morir. Si buscas en lo más profundo, no encontrarás ni un ego, ni un “yo”. Entonces, no hay posibilidad de muerte. Es la idea del ego la que da lugar al miedo a la muerte. Si no hay ego, no hay muerte. lo único que hay es el silencio total, ausencia de muerte, eternidad, no en forma de ti, sino en forma de un cielo abierto carente de cualquier idea del “yo” o del ser –ilimitado, indefinido. Entonces no habrá miedo.
El miedo se produce porque hay otras cosas. Tendrás que examinar esas cosas y el hecho mismo de examinarlas desencadenará un cambio.
Entonces, por favor no preguntes cómo puedes dominar o destruir el miedo, porque no se puede dominar, ni eliminar, ni destruir. Solamente se puede comprender. Convierte la comprensión en tu única ley.
Sé que la idea de seguridad externa es una necesidad que nada tiene que ver con la realidad, ¿pero hay acaso una seguridad interior a la cual podamos aspirar?
La seguridad no existe. No hay seguridad, ni interior, ni externa. Esa es la razón por la cual la existencia es tan maravillosa. Imaginen si una rosa se despertara en la mañana pensando en su seguridad. ¿Qué pasaría? Si la rosa pudiera conseguir su seguridad, sería una flor de plástico. Pero como no lo es, vive en medio de la inseguridad. Podría perder sus pétalos a causa de un viento fuerte. O un chico podría pasar corriendo y arrancarla. O podría venir una cabra y comerla. O puede no suceder nada (ni viento, ni chico, ni cabra), pero al llegar la noche, habrá desaparecido. Aunque no suceda nada fuera de lo normal, también ella desaparecerá. Pero en eso radica la belleza de la rosa. Es hermosa porque, viviendo acosada por la muerte, la desafía, desafía los vientos. Tan pequeña y aún así logra imponerse a todas las dificultades y los peligros. Aunque sea tan sólo durante unos minutos o unas horas, no importa (el tiempo es irrelevante), ella vive su momento. Habrá vivido, habrá hablado con los vientos, con el sol y la luna, y habrá contemplado las nubes. Y en todo ello hubo alegría y pasión. Después muere; no se aferra, que se aferrara sería fea. Cuando le llega su momento, la flor sencillamente muere y desaparece, uniéndose a la tierra de donde vino.
No hay seguridad externa ni interior.
La inseguridad es la materia misma de la cual está hecha la vida.
Esa es la diferencia entre mi trabajo y el de otros maestros. Mientras ellos les dan seguridad; yo les arrebato toda su seguridad. Les hago tomar consciencia de las bellezas de la vida, de sus riesgos; sus peligros y sus incertidumbres. Afino su sensibilidad para que haya más desafío y aventura. Entonces, no importa si ha de haber o no un mañana. El hoy es más que suficiente. Si podemos amar y vivir, el día de hoy es más que suficiente.
Un solo momento de amor profundo es una eternidad. ¿Quién podría pensar en la seguridad en un momento así? La simple idea de una seguridad interior o externa es hija de la codicia y el ego. Es necesario mirar hasta el fondo para comprender que no hay seguridad posible en la situación misma de la existencia. Cuando logren reconocer eso, se producirá una revolución en su ser; habrá sufrido una metamorfosis.
Vivir en la inseguridad como una rosa es no ser de este mundo.
La seguridad le pertenece al mundo; la inseguridad le pertenece a la divinidad.
EL MIEDO,OSHO.
Fuente: Sendero Espiritual

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