sábado, 11 de febrero de 2017

3 beneficios de vivir totalmente atento al aquí y el ahora

harmonia.la
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Casi siempre pensamos en el pasado o en el futuro y entonces dejamos que el presente, que tiene la característica de ser inasible, transcurra sin que participemos de él, sin que nos percatemos de su presencia. Darse cuenta de que el “ahora mismo” es lo único que se tiene es complejo. Si nos diéramos cuenta de ello, tal vez entenderíamos mejor las cosas que nos causan felicidad. A algunas personas que tratan de vivir en el presente les gustan los deportes extremos, porque este tipo de ocupaciones les hacen aprovechar el momento plenamente. Estas son algunas buenas razones para empezar a enfocarte en vivir en el presente:
1. Encontrarás tu verdadero yo
Te aceptarás como eres. Te darás cuenta de que tu mente quiere cada vez más cosas que realmente nunca te traerán felicidad. Pensar en el ahora evitará que desees más cosas de las que puedas realmente adquirir y que estés inventándote necesidades que no tienes. Te sacudirás el estrés y eso te hará más feliz y alegre porque sabrás que el momento más importante es ahora; ni el futuro ni el pasado, sólo ahora.
2. Alcanzarás tus metas más a menudo
En efecto. Ponlo en perspectiva. Por supuesto que tienes que dejar que tu mente vague de vez en cuando, pero no debe pasar con recurrencia. Conectarse a algo más profundo que tus pensamientos banales es lo que hace posible la creatividad y la productividad. Piensa en lo que tienes que lograr y ponlo en práctica. Reflexiona sobre los hechos. No es que haya una fórmula para alcanzar el éxito, pero por lo general estamos tan concentrados en nuestros propios pensamientos que nos abruman y no comprendemos cómo funciona la realidad; si pusiéramos un poquito más de atención el presente, el éxito no se vería tan lejano.
3. Nunca te sentirás abrumado
¿Hay días en los que no eres productivo y luego días en los que haces muchas cosas y te sientes realmente abrumado? Miles de personas también, pero no te preocupes, eso se debe al hecho de que no estás viviendo en el presente. Darse cuenta de que la mente quiere más, más y más no es sencillo, pero tampoco es el verdadero yo. Cuando no haces absolutamente nada y no eres productivo en absoluto te sueles sentir culpable, pero la verdad es que careces de perspectiva. Tienes que entender que la realidad está transcurriendo y que esas son sus características en ese preciso momento. No puedes comparar un momento con otro.
Piensa en el ahora, acaba de leer este artículo y vive el momento.
Con información de Psychology Today 
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¿Qué haces tú para concentrarte en el momento presente?
Desde que somos niños sentimos que somos dueños de las cosas (nuestros juguetes, nuestros padres, nuestro hermano y nuestro cuarto), tan es así que muchas veces vemos a niños llorando porque alguien más juega con su cubeta para la arena. ¿Por qué sentimos apego por las cosas? ¿Será parte de nuestra naturaleza?
Jean Piaget, un psicólogo especializado en la infancia, detectó que desde pequeños presentamos un carácter posesivo que se relaciona con lo que él llamó el endowment effect, es decir, el hecho que que valoramos más las cosas cuando las consideramos nuestras.
Para demostrar su punto, dio a elegir a un grupo de niños entre una taza y un chocolate como recompensa por ayudar en sus estudios. La mitad de los niños eligió la taza y la otra mitad el chocolate. Lo sorprendente fue que a otro grupo le dio la taza primero y luego le dio la opción de cambiarla por un chocolate, pero apenas el 11% quiso cambiar el obsequio original. Lo mismo ocurrió con un grupo de niños a los que les dio primero el chocolate con la opción de cambiarlo por una taza, pero también fue una minoría la que quiso intercambiarlo.
La conclusión de la investigación de Piaget fue que le adjudicamos un mayor valor a las cosas que consideramos nuestras que a las que no nos pertenecen. Un posible motivo para esto es que definimos nuestra identidad a partir de las cosas que consideramos como nuestras.
De hecho, en un estudio de los cerebros de diversos individuos, Piaget descubrió que cuando vemos un objeto marcado como propio –por ejemplo, un bote de basura con nuestro nombre escrito sobre él– se activan en nuestra mente conexiones neuronales que se relacionan con la formación de una identidad.
Además, en otro estudio del mismo psicólogo se encontró que los niños prefieren sus propios objetos por una especie de esencia particular en ellos. Así, cuando les daban a elegir entre tres bicicletas idénticas siempre preferían la suya.
No obstante, es importante aclarar que este sentido de posesión es cultural. En sociedades que se encuentran lejos de la modernidad y que acostumbran compartir casi todo el endowment effect no está presente, lo cual nos lleva a reflexionar sobre el apego: ¿sentimos que las cosas nos pertenecen porque así nos han educado?, ¿quién determina de qué somos dueños?, ¿deberíamos de ser más compartidos?
Si el endowment effect es relativo a la cultura y la modernidad, ¿podríamos probar nuevas formas de convivencia en las que aprendamos a compartir y reduzcamos nuestro apego por los objetos?
Fuente
La clave de la autoestima es aceptarnos y amarnos tal cual somos, pero ¿qué pasa si ni siquiera sabemos quiénes somos? El primer paso para la autoaceptación necesariamente es el autoconocimiento. Toda la historia de la filosofía y las religiones está marcada por el deseo y la aspiración de conocernos a nosotros mismos para poder acceder al conocimiento divino. ¿Cómo comenzar? He aquí cinco preguntas que deberías hacerte para comenzar a saber quién eres.
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1. ¿Qué cosas tengo que perdonarme? 
Esta pregunta es fundamental porque la mayoría de tus limitaciones o de tus frustraciones en la vida están determinadas por la respuesta que te des a ti mismo. ¿Cuáles son las cosas que te reprochas haber hecho o haber omitido? ¿Guardas alguna culpa o remordimiento? Es momento de hacer las paces contigo mismo.
2. ¿Cuáles son mis carencias emocionales?
Esta pregunta se trata de reconocer qué domina tus emociones. ¿Eres una persona que se enoja con facilidad o que se ofende por cualquier cosa? ¿Te cuesta trabajo perdonar a otros? ¿Haces cosas que no deseas por temor a quedarte solo o ser rechazado? Todas esas actitudes revelan una carencia emocional. Identifica las tuyas.
3. ¿Estoy haciendo lo que quiero con mi vida? Si la respuesta es no, ¿qué me detiene?
Cuando llegas a esta pregunta, si has respondido las dos anteriores con sinceridad es probable que tengas una idea muy clara de las cosas que te detienen para hacer lo que quieres. Identifica aquellas cosas que deberías soltar o dejar de temer para comenzar a vivir la vida que deseas.
4. ¿Cuáles son mis fortalezas?
Una vez que sabes qué es lo que te detiene para lograr lo que deseas y cuáles son los aspectos de tu vida que debes perdonarte y sanar, es importante reforzar aquellas cosas que te dan seguridad. ¿Cuáles crees que son tus caracterísiticas más positivas? Ennuméralas y te sorprenderá lo importantes que son y lo poco que en realidad las valoras.
5. ¿Cómo puedo usar mis fortalezas para ser más feliz?
Esta es la pregunta más importante que debes hacerte, pues para responderla debes dejar de pensar en tus miedos y tus remordimientos para enfocarte en todo aquello que puede impulsarte a lograr tus metas: ¿de qué manera puedo poner a trabajar mis talentos y virtudes a mi favor? 
Una vez que te hayas respondido estas preguntas no sólo te conocerás más a ti mismo y, por lo tanto, serás capaz de aceptarte tal cual eres, sino que también tendrás una idea mucho más clara de tu proyecto de vida. ¡Adelante!

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